Praxis en América Latina

Somos una organización humanista marxista conformada por un grupo de activistas-pensador@s que viven principalmente en México, pero que están abiert@s a la colaboración con compañer@s de toda América Latina

Revolución en permanencia (poema)

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J.G.F. Héctor

La única ventaja del edificio que están construyendo frente a mi ventana
es que oculta la vieja Iglesia, refugio de terrores,
aunque dudo que doscientos metros cuadrados de salas
vayan a poder contener todos los muertos que nos ha dejado esta historia;
el camino que recorren los vivos juntos al río
está trazado por cadáveres y bolsas de desperdicio,
pero es también el que nos lleva al otro lado de la frontera,
que tú y yo cruzamos una tarde en bicicleta
(la frontera estaba tan cerca y, no obstante,
nunca antes la habíamos traspasado);
al hacerlo, los árboles recobraron sus hojas
y el reloj marcó un retraso de 25 años:
¿por qué no habíamos acudido a la cita?,
¿por qué nunca antes habíamos escuchado los llamados de nosotros mismos?
Rodamos por la vieja escuela
y los maestros volvieron, cual exasperados fantasmas,
a golpear con la regla en los pupitres;
el polvo se levantó para formar espectros distinguidos
con medallas, cuadros de honor y competencias,
pero se cayeron al instante cuando escuchamos la voz de la madre
ayudando a recoger fósiles-ramas a su hijo,
y diciéndole que hoy podían pintar en lugar de hacer la tarea;
el padre apareció con discos de rock y aconsejándole:
“Hijo, ama la música, el demonio no existe”,
y después recogiéndolo en casa de su amigo a las dos de la mañana;
la hermana apareció más tarde, entusiasta compañera de juegos,
de risas y transgresiones en la arena;
otros espíritus aparecieron, mas se fueron extinguiendo,
si bien algunos se quedaron por algunas horas;
plantas, peces, gatos, tortugas y otros animales
se fueron sumando en algún punto del camino,
antes que la niebla se esfumara por completo
y nos llevara a 374 kilómetros de distancia,
a la casa de la abuela rodeada por cafetales;
los jornaleros siempre estuvieron allí,
trabajando duramente mientras nosotros jugábamos en el patio:
¿por qué nunca los había visto?

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Hoy, me asomo a la ventana
y veo calles repletas de cadáveres,
embolsados y subidos en camillas cual objetos pestilentes:
¿cómo es que llegamos a esto?
“Estamos prohibidos, ¿o no?”,
me dices mientras te pones el casco de ciclista,
y rodamos de vuelta antes de que cierren la frontera;
la Calle de las Armas, la más conflictiva entre todas,
pero no hay otra manera más corta de volver a casa,
y entonces tenemos que traspasar ese río de la muerte,
sin barqueros que nos guíen o nos enciendan una luz en la noche;
volvemos en el tiempo y la casa siempre es confortable:
nos esperan los libreros y animales protectores,
la noche vivida entre humo y sueños hilarantes,
o algunos que nos revelan deseos inadvertidos:
la casa oscura, la mujer con cara de Marx,
que quiere decirnos algo que no podemos escuchar entre el silencio
de las velas que se apagan cuando se apaga la madrugada,
y que sólo podremos entender cuando volvamos a ese reino
de imaginaciones infinitas y fragmentos descolocados:
“¡La revolución es ahora! ¿Están listos y entusiasmados?”

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Ciudad de México, a 10 de junio de 2020
(Fotos cortesía de https://www.instagram.com/gerardovieyra_/ para Praxis. ¡Gracias, Gerardo!)

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