UCRANIA: UN HERVIDERO QUE HA ESTALLADO. ¿PUEDE EL MOVIMIENTO EMANCIPATORIO EN ESE PAÍS SOBREVIVIR Y EXTENDERSE?*

 

Eugene Gogol

 

Ucrania es un hervidero que ha estallado. Luego de su asunción al poder en junio de este año, el presidente Petro Poroshenko (empresario él mismo, dueño de la confitería más grande del país) proclamó la unidad territorial ucraniana —lo que incluía la región oriental de Crimea, ocupada militarmente por Rusia.

Esto significó el envío de fuerzas de seguridad ucranianas para combatir a los separatistas. Días después, se fueron presentando reportes sobre la introducción de tanques, lanzamisiles y otro tipo de armamento militar a esta región por parte de Rusia; asimismo, se sabía que varios soldados habían estado llegando al este de Ucrania a través de la permeable frontera rusa. Todo ello, claro está, no es sino la continuación de la ocupación rusa de fines de febrero —iniciada justo después de que el presidente ucraniano Viktor F. Yanukovych fuera destituido del poder por las protestas masivas.

 

Estados Unidos y Europa pelean por Ucrania

Desde la ocupación de Crimea, tanto Estados Unidos como Europa se han esforzado particularmente por ganarse la simpatía de Ucrania —ambos, con la promesa de otorgarle ayuda financiera y de aplicarle sanciones económicas a Rusia.

Mientras tanto, en el este de Ucrania, los grupos armados y los separatistas —en especial en Donetsk y Luhansk, dos provincias del sudeste donde el ruso es la lengua predominante— siguen actuando con impunidad: desde junio hasta el día de hoy, han sido derribados por lo menos tres aviones, lo que ha significado la muerte de más de un centenar de personas.

Estos hechos han conducido al estallido de una guerra en la región oriental de Ucrania, lo que implica la posibilidad del desmembramiento de dicha nación y la continuidad de los dimes y diretes entre Rusia y Estados Unidos. No obstante, todas éstas no son sino consecuencias de lo que Hegel llamaría la pseudo-concreción; es decir: las falsas alternativas de transformación social que parecen hacer a un lado aquel movimiento emancipatorio que nació con la ocupación popular de la Maidán Nezalézhnosti (o Plaza de la Independencia) en Kiev, la capital de Ucrania, en noviembre de 2013.

Por ello, para entender realmente lo que está ocurriendo el día de hoy en Ucrania, es necesario volver hacia ese momento decisivo (aunque no por ello menos contradictorio): hacia el conjunto de protestas contra la represión gubernamental que se extendieron de noviembre del año pasado a febrero del presente y que culminaron con la destitución del presidente Viktor F. Yanukovych. Como expresamos en el número de marzo-abril de News and Letters:

La Ucrania que despertó con la ocupación de Maidan está compuesta tanto de rusos como de ucranianos; asimismo, de minorías históricas como los musulmanes y los judíos; finalmente, cuenta con la participación de feministas y de activistas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT). Todos estos actores sociales significan el inicio de nuevas relaciones humanas, las cuales deben ser potenciadas al máximo[1].

 

Como adelantábamos, esto no quiere decir que dicho movimiento emancipatorio carezca de contradicciones; de hecho, ciertos políticos burgueses quisieron valerse de la ocupación de Maidan para sus propios fines electorales —y, en cierto sentido, lo lograron, una vez que Yanukovych abdicó del poder. De igual forma, no dejamos de notar[2] el riesgo que representa la presencia de corrientes derechistas nacionalistas —y, en última instancia, reaccionarias— dentro del movimiento.

Todo ello es verdad; sin embargo, debido a esto, una buena parte de la izquierda en Occidente y el resto del mundo ha quedado ciega ante las posibilidades de emancipación que tuvieron su origen en Maidan —y que siguen luchando por hacerse realidad, no obstante la represión del Estado, el poder en ascenso de ciertos oligarcas y el discurso fascista de la derecha.

 

Los manifestantes de Maidan hablan por sí mismos

En abril, el sector más progresivo de los ocupantes de Maidan organizó en Kiev un coloquio, Maidan y la izquierda, para discutir en torno a sus experiencias[3]. En él estuvieron, entre otros, activistas sindicales independientes y mineros que habían participado en algunos maidans locales. Uno de los organizadores, Denis Pilas, dijo:

Uno de los principales resultados [del coloquio] fue la consolidación de las iniciativas de la izquierda y la preparación de nuevas protestas —en esta ocasión, en contra del nuevo gobierno. Asimismo, el lanzamiento de la Asamblea para la Revolución Social, la primera plataforma política de izquierda radical que participará en las elecciones de Kiev —sobre la base, por supuesto, de la democracia líquida. Esto lo hará con el cobijo del Partido Socialista de Ucrania […]

La izquierda internacional no debe doblar las manos ante ninguna cuestión geopolítica —mucho menos, darle su apoyo al imperialismo, el cual se presenta como “la menos mala” de las opciones. En cambio, debe iniciar una campaña en contra de las políticas militaristas y aventureristas tanto de Rusia como de los Estados Unidos. Ésta debe ser, en suma, un movimiento genuinamente antibélico —lo que implica manifestarse en contra de una posible guerra civil en Ucrania.

Debe oponerse, por un lado, al régimen de Putin en Rusia —que es a la vez conservador, despótico y oligárquico— y, por otro, mostrar su solidaridad con los activistas de izquierda que son perseguidos por él.

En el caso de Ucrania, este movimiento debe convocar a todos los trabajadores del país, tanto del Este como del Oeste, para pelear contra la oligarquía. Finalmente, debe manifestarse en contra de las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) y ubicar a Ucrania en el contexto de las luchas de toda Europa contra las políticas de austeridad[4].

 

Un grupo de la izquierda ucraniana, Oposición de la Izquierda, publicó el Manifiesto: diez tesis de la oposición de izquierda en Ucrania, el cual dice en su introducción:

Los problemas socioeconómicos del país, los cuales son mucho más agudos que los que enfrentan nuestros vecinos del Este o del Oeste, le dan a esta protesta un significado específico. Por ejemplo, el salario promedio en Ucrania es 2 ó incluso 2.5 veces menor que en Rusia y Bielorrusia, y mucho más bajo que en el resto de la Unión Europea. Por ello, la crisis económica mundial afecta mucho más a los ucranianos que a cualquier otra nación europea, desde el océano Atlántico hasta los Montes Urales […]

Nuestra esperanza es que este movimiento de protesta, provocado por la injusticia social imperante, pueda erradicarla hasta sus cimientos. Creemos que dicha injusticia es causada por la existencia de la oligarquía, la cual ha nacido de la corrupción y de la falta de límites del capital. Por ello, es imprescindible ponerle un coto a los intereses egoístas de nuestros oligarcas —esto, en lugar de pedirle ayuda al FMI o a Rusia, lo cual traería consigo un nuevo tipo de colonialismo. A la vez, consideramos que es peligroso unir nuestras voces a aquéllas que claman por la integración de Europa; en cambio, sostenemos que debemos proponer cambios que beneficien a la gente común, particularmente a los trabajadores[5].

 

Entre las tesis del Manifiesto, se encuentran las siguientes:

a)      Gobierno del pueblo, no de los oligarcas (tesis 1);

b)      nacionalización de la industria primaria (tesis 2);

c)      los trabajadores deben tener el control de toda forma de propiedad (tesis 3);

d)      acceso gratuito a la salud y la educación (tesis 9);

e)      salida del país de instituciones financieras de carácter opresivo (tesis 10).

 

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Aunque todo esto resulte esperanzador, la situación no es fácil. No hay que olvidar, por cierto, la extrema pobreza, los altos índices de desempleo y la situación en general del pueblo ucraniano —todo ello, a poco más de dos décadas de la caída de la Unión Soviética. Desde esta perspectiva, la destitución de Yanukovych no ha significado un gran cambio en la realidad ucraniana; sin embargo, en la rebelión de Maidan hemos podido vislumbrar un nuevo mundo —sostenido por una minoría progresista, y no obstante las contradicciones al interior del movimiento. Por ello, no podemos permitir que esta esperanza se desdibuje tomando partido por una de las falsas alternativas de solución —las cuales no conducen a otro lado que a la perpetuación de la actual sociedad de clases, con sus correspondientes expresiones racistas, sexistas y homofóbicas.

 

Trad. Héctor Sánchez

 

 



* Una versión de este artículo apareció publicado en inglés como “Editorial: In the Ukrainian Cauldron”, en News and Letters, vol. 59, núm. 4, julio-agosto 2014, <http://newsandletters.org/editorial-in-the-ukrainian-cauldron/> [2 ago. 2014].

[1] Emmet, Gerry, “Ukraine and Bosnia: Historic Uprisings”, en News and Letters, vol. 59, núm. 2, marzo-abril 2014, <http://newsandletters.org/ukraine-and-bosnia-historic-uprisings/> [3 ago. 2014].

[2] Idem.

[3] Ver Buketov, Kirill, “The Left Agenda and the Maidan and After”, en News and Letters, vol. 59, no. 4, Julio-agosto 2014, <http://newsandletters.org/the-left-agenda-at-the-maidan-and-after/> [3 ago. 2014].

[4] “The Left and Maidan: Interview with Ukrainian Socialist Denis Pilas”, en Revolutionary Socialism of the 21st Century (24 abr. 2014), <http://rs21.org.uk/2014/04/24/the-left-and-maidan-interview-with-ukrainian-socialist-denis-pilas/> [3 ago. 2014].

[5] “Manifesto: Ten Theses of the Leftist Opposition in Ukraine”, en LeftEast, (14 ene. 2014), < http://www.criticatac.ro/lefteast/manifesto-left-opposition-in-ukraine/> [3 ago. 2014].