SOLOS CONTRA EL MUNDO, UNA PELÍCULA ISRAELÍ DE 2007 VIGENTE EN 2014

 

Héctor M. Sánchez

 

En 2007, se estrenó la cinta The Bubble, traducida al español como Solos contra el mundo, una película que nos muestra cómo la juventud palestina e israelí vive día a día la guerra sostenida entre el gobierno de la segunda nación y las facciones que disputan el poder en la primera. Hoy, cuando dicho conflicto ha vuelto a alcanzar un punto de extrema tensión, la película cobra una gran vigencia, ya que nos muestra la diversidad de aristas de esta guerra absurda. Veamos.

Ciertamente, el filme está narrado desde la perspectiva de las clases medias: no nos encontramos aquí con los estratos más bajos de la sociedad palestina e israelí; sin embargo, justamente por ello queda evidenciado que, en los momentos de aguda crisis, incluso las clases medias se convierten en un factor decisivo en la puesta en marcha de transformaciones sociales que arranquen de raíz el actual modo de pensar y hacer el mundo (tal como lo hemos atestiguado, por ejemplo, en la reciente Primavera Árabe).

En Solos contra el mundo, vemos precisamente cómo la juventud israelí y palestina, al unísono, se manifiesta en contra de la guerra y el racismo imperantes en la región; de esa forma, se pone sobre la mesa la importante cuestión de que el conflicto entre Israel y Palestina no es primordialmente religioso, o entre dos naciones fundamentalistas, sino, ante todo, entre los Estados y el pueblo: una guerra civil promovida por los gobiernos locales y extranjeros, sobre todo por los Estados Unidos, y cuya razón profunda es la necesidad de apropiación de territorios estratégicos en el Medio Oriente —aunque, en la superficie, se manifieste de distintas maneras, como la de ser una guerra religiosa, o una disputa entre un pueblo y otro, etc.

La juventud rebelde que protagoniza la película, se dice en varias ocasiones a lo largo de la misma, no quiere mezclar sus actividades de protesta con la política; sin embargo, ¿cómo separar una cosa de la otra? El hecho mismo de organizar una fiesta en la playa, cuyo objetivo es reunir tanto a los jóvenes israelíes como a los palestinos para decir sí a la paz y no a la guerra, adquiere un sentido político sumamente revolucionario. Esta suma de factores objetivos y subjetivos ha hecho de la vida misma de la juventud: desde el ofrecimiento de refugio a un «ilegal» palestino en un departamento de Tel-Aviv, hasta las salidas al café o al teatro, pasando por el amor y el sexo, una forma de resistencia.

Pero el filme es tan multifacético que también nos muestra el lado oscuro de la situación: la xenofobia de cierto sector de israelíes, sobre todo de sus clases altas; la intolerancia de las familias tradicionales árabes hacia la homosexualidad y su reproducción de los roles de género; la diferencia de intenciones y objetivos entre Hamas, la organización terrorista islámica, y el grueso de la población palestina, etc. Cada uno de estos escenarios, en realidad, se constituye como un frente de lucha para distintos actores sociales: mujeres, gays, jóvenes, minorías religiosas, etc.; todos ellos, en conjunto, están abriendo el camino para que la revolución vaya cada vez más profundo y más abajo, hasta el punto en que el actual orden social quede totalmente destruido y comience a gestarse uno nuevo: tal es el sentido auténtico del concepto de revolución en permanencia de Marx.

De igual manera, Solos contra el mundo nos permite entender la complejidad de diversas situaciones: que, detrás de un ataque terrorista, por ejemplo, no sólo hay factores objetivos, como el intento de reproducción de un régimen totalitario, sino subjetivos: el dolor ante el asesinato de una esposa o una hermana, el honor, la creencia religiosa sincera, el deseo de venganza, la frustración, etc. Así, se nos presenta con más claridad que es imposible dividir al pueblo palestino e israelí entre buenos y malos; la cuestión es mucho más intrincada, y responde más a las estructuras de poder y económicas que a los valores religiosos o morales de una u otra nación.

Por todo ello, Solos contra el mundo es una película relevante, digna de ser vuelta a ver sobre todo en este momento, cuando el conflicto entre los gobiernos de Israel y Palestina ha vuelto a llegar a un punto álgido —ya que nos permite reflexionar sobre lo que está ocurriendo hoy en la Franja de Gaza, así como empezar a pensar sobre posibles soluciones para esta interminable guerra.

 

México, D.F., a 1 de agosto de 2014.