“¿Por qué ya no luchamos?, ¿por qué ya no defendemos?”: LA LUCHA DEL PUEBLO DE SAN BARTOLO AMEYALCO POR EL AGUA

Carlos Arámburo

 

La expresión que da título a este texto fue pronunciada durante el Foro La guerra por el agua, llevado a cabo en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, donde nos encontramos estudiantes, pueblos originarios de Xochimilco y habitantes de San Bartolo Ameyalco, en la ciudad de México, a principios del mes de junio de 2014, al sur del Distrito Federal. Es una pregunta que lucha contra el olvido. Una consigna que, en muchos lugares, grita desde las entrañas de la Tierra —a pesar de quienes quieren acallarla, sepultarla—, contra el bombardeo ideológico de “bienestar” que destruye la vida y alimenta la violencia.

Vale hacer notar:

La ciudad de México está rodeada de montañas. En ellas vive gran cantidad de gente. Es menester reconocer que los pobladores de estas zonas tienen una historia colectiva como asentamiento humano y, en muchos casos, su identidad data de la existencia como pueblo indígena y del lugar en que se ha vivido a través del tiempo, con sus cambios culturales propios.

En la región de lo que hoy es San Bartolo Ameyalco habitaban los tepanecas (pueblo guerrero del México prehispánico, que fue luego sometido por los mexicas); dicha región está ubicada actualmente al sur-poniente del Distrito Federal. En tanto pueblo, San Bartolo Ameyalco busca dar continuidad a su identidad histórica, colectiva. En general, los pueblos originarios tienen fiestas, tradiciones, usos y costumbres rituales fundamentados en un pasado común a la mayoría de sus habitantes. Se construyen formas de relación que ponen especial énfasis en el parentesco cruzado[1].

En el caso de la ciudad de México, la existencia de pueblos originarios es poco visibilizada, debido al énfasis en la promoción turística de la “ciudad de vanguardia”, impulsada desde la izquierda partidista en este país.  Los pueblos originarios, en tanto remanentes de una cultura pasada, figuran como historias ocultas, poco incluidas en los contenidos escolares, como rastros de historia en vías de desaparición y, en el mejor de los casos, como campo de investigación social y antropológica para las universidades.

La problemática del agua en San Bartolo Ameyalco

Un punto de arranque para la reflexión es pensar al Valle de México, con sus historias, identidades, conflictos y diferencias. Así propone uno de los habitantes de San Bartolo: “desde hace unos quince o dieciocho años se sabe poco de la historia; hay un desconocimiento histórico  […] Tenemos tradiciones, usos y costumbres; es una historia que debiera estar latente en la historia del Valle de México, como pueblos originarios que somos”.

Este mismo portavoz, antes de que sus palabras se ahoguen por el llanto, nos habla de un conflicto que hoy suscita eco y, desde su profundo sentir, nos expone: “Lo que quiere hacer el jefe delegacional es dar cabida a una red de agua que el pueblo no necesita, que no es como ellos dicen, que la obra vaya a beneficiar a 20,000 habitantes, sino que apenas alcanzaría a repartir agua a unas 2,500 personas, quienes serían los beneficiarios”. Ésta es una mentira que viene desde hace unos dos o tres años, con la que

nos quieren arrebatar lo poco que nos queda, el monte, el agua, nuestra dignidad; nos han deshecho nuestra paz, nuestra convivencia, con humillación y por la fuerza, lo que ha tenido un costo muy alto para nosotros, que defendemos la paz y los recursos naturales: la privación de la libertad de jóvenes de nuestro pueblo [...] la fuerza contra la que nos enfrentamos es una fuerza que encierra, que secuestra, que ha golpeado a niños y a señoras de la tercera edad.   

Algunas personas del pueblo de San Bartolo dicen: la estrategia delegacional consiste en enfrentar a los mismos pobladores, haciendo creer que unos son los inconformes, frente a otros que serían beneficiados por la obra. Es cierto que la presión de agua disminuye en la zona alta y, por tanto, no llega a las casas que están allí; sin embargo, la obra no soluciona tal problema, pues se sospecha que será desviada para abastecer a la zona comercial de Santa Fe. Sin embargo, a decir de un poblador: “los que habitan en la zona alta nunca se sintieron identificados con la cultura del pueblo”.

El proyecto no ha sido aprobado aún por la asamblea del pueblo, no se conocen los planos, ni  hay la certeza de que no vayan a tomar el agua del manantial que por ahí nace. Por medio de un grupo legitimado como “Comité Vecinal”, se disfraza la conformidad con el proyecto, pero no se ha hecho la consulta que la asamblea demanda. Hasta hace no pocos días, el día 21 de mayo, la delegación llevó trabajadores, maquinaria y más de 3,000 granaderos para continuar trabajando en una obra a la que el pueblo, desde meses atrás, ha mostrado rechazo. En tal contexto se enfrentaron pobladores con policías.

Para los habitantes de San Bartolo Ameyalco: “hay confianza en el agua”, y dicen que “el agua es suficiente”, que “no hay carestía de agua para quienes viven en el pueblo”, y que es agua pura la que corre del manantial: “El agua, si le abre la llave, corre”; “en el rancho San francisco [que es un rancho que está más abajo], tiran el agua”. De llevarse a cabo el proyecto de entubado del manantial, habría un impacto ambiental que pondría en riesgo el equilibrio del bosque: “Se presta poca atención a la reforestación y al cuidado de la naturaleza”, “no nos damos cuenta que el recurso se agota”. No es la primera vez que se hace un proyecto de este tipo en la ciudad de México, ni es la primera vez que atacan este bosque —ya que, previamente, se han llevado a cabo talas para la construcción de unidades habitacionales o de casas de campo y mansiones.

La ciudad y el agua

A medida que la ciudad ha ido expandiéndose, el problema de abastecimiento de agua ha ido creciendo debido a fallas en la planeación hidrológica, así como consecuencia de un fenómeno de mercantilización del agua donde unos quedan excluidos de este líquido vital —hecho que se inscribe en un proceso relacionado con los fenómenos de segregación social que producen la marginalidad: la carestía de agua es uno de los indicativos de pobreza como desposesión.

Como analiza acertadamente un poblador de Xochimilco:

Los pueblos surten agua al valle de México; los pueblos han defendido este recurso. Los proyectos para despojar [del] agua a los pueblos originarios se llevan a cabo por medio de engaños y no se informa a los habitantes sobre los proyectos. Esto lleva a la reivindicación del acceso al agua como derecho humano, pero este recurso está siendo cada vez más privatizado.

Todo ello sigue una lógica de despojo de la que el capital se vale constantemente.

Si bien en zonas como Xochimilco existe la necesidad de infraestructura para la redistribución del agua para quienes no tienen acceso a ella, las planeaciones hidrológicas ejecutadas desde las oficinas delegacionales son insuficientes cuando no toman la opinión del pueblo acerca de cómo desean administrar los recursos naturales que les pertenecen —en tanto  que, como pueblos originarios, amparados por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), tienen el derecho de libre determinación (esto es, de decidir su forma de gobierno —autonomía—) y, por tanto, la libertad de decidir cómo administran sus recursos naturales. 

Contexto regional

Ahora, una breve contextualización. Hay que hacer notar que, Acopilco, Santa Rosa, Guadalupe y Magdalena, entre otras zonas, son lugares desde donde se abastece el agua que se utiliza en el Valle de México. La densidad poblacional en estas zonas es elevada. Una de las características de estos asentamientos urbanos es que la mayoría de sus habitantes se traslada al Valle de México para laborar a cambio de un salario. Los tramos de viaje, para muchos, son extenuantes.

Los fenómenos de exclusión y despojo han propiciado la formación de redes entre pueblos por la defensa del agua, los recursos naturales y, en buena medida, de su identidad. San Bartolo Ameyalco es un lugar de donde, desde meses atrás, se ha querido sustraer el agua para conectarla a otras zonas de la ciudad, pero la gente de este pueblo ha exigido que no se conecte el agua de los manantiales al sistema de tuberías.

Así  se manifestaron a través de una página de Facebook en el siguiente comunicado, fechado el 21 de febrero de 2014:

Nos dirigimos al Centro para entrevistarnos con Héctor Serrano, secretario de gobierno del D.F. Le presentaremos los acuerdos de la asamblea del 15, entre los que destaca que no nos oponemos a que se surta de agua a Ixtlahuaca y Torres de Tepito: lo que no queremos es que el agua del manantial se mezcle con la del Cutzamala[2], y mucho menos que se lleven el agua del pueblo para favorecer a los consorcios.

Dos días más tarde escriben:

El agua es un derecho de todos. Conscientes de ello, se están recaudando firmas con el siguiente texto, para que la población que carece del líquido vital pueda ser beneficiada lo más pronto posible:

En Asamblea realizada este día (23 de febrero), a las 10:00hrs, en el centro del pueblo de San Bartolo Ameyalco, se acordó que los vecinos de esta comunidad, como ya se ha reiterado, no estamos en contra de un proyecto que dote de agua del Cutzamala a Torres de Tepito e Ixtlahuaca; únicamente decidimos que la obra que se está realizando sobre Camino Viejo a Mixcoac no debe pasar de la entrada de Ixtlahuaca, hacia la parte alta de Camino Viejo a Mixcoac, y [que] debe cortarse el tubo que va del manantial del pueblo hacia esas zonas, justo en ese mismo punto. Los trabajos no deben continuar, sino hasta que el pueblo en general conozca bien el proyecto y esté de acuerdo con el mismo.

Las dos comunicaciones dejan ver que, algunos pobladores de San Bartolo, estaban al pendiente de dichas obras —y, en tal escenario, la asamblea comunitaria que en su momento trabajó los puntos a los que hace referencia, estaba clara de cuál era el objetivo: no mezclar el agua del manantial con el sistema Cutzamala. Además, unos días atrás, el 14 de febrero (por la noche), hubo un acto represivo por parte de la policía contra los habitantes de San Bartolo, misma acción que acudieron a denunciar ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, aproximadamente el 18 de febrero de 2014, según consta en la página de FB Pueblo San Bartolo Ameyalco.

Dimensión identitaria

Ameyalco (cuyo significado en náhuatl es lugar de la fuente de agua, o donde brota el agua: manantial), mira en panorámica a la urbe. Su población, en alguna medida, se ha destradicionalizado. El desconocimiento histórico como región puede provocar falta de identidad. Algunos habitantes perciben que se respira apatía para defender lo que les pertenece —pero, al mismo tiempo, con lo que está pasando, se contagian la esperanza y la rebeldía.

“El engaño viene de tiempo atrás”, dice un originario de esas tierras: como a muchos en diferentes lugares del mundo, a los campesinos se les arrebatan sus tierras, se les persigue y asesina cuando se organizan para defender la propiedad colectiva que les pertenece. En esta lógica de fragmentación, a muchos se les compran tierras, se les ofrece trabajo o se les incita a laborar lejos del pueblo.

Es necesario reconsiderar el asunto de la identidad para la comprensión de este tipo de conflictos.

“Vienen proyectos disfrazados de buenos, de beneficiosos...”

Estos proyectos provocan división entre los habitantes. “Si se sintieran parte del pueblo, sentirían suyo el manantial”, comenta una persona comisionada de prensa del pueblo, refiriéndose a cómo, muchos del pueblo, no se sienten identificados. Sin embargo, el problema de fractura de identidad no es nuevo, sino que está relacionado con un sistema de competencia que ha permeado en las relaciones sociales; en éste, unos quieren tener más que otros, lo que a su vez está relacionado con los cambios en los modos de vida y, en buena medida, con la transformaciones al paisaje (construcción de unidades habitacionales y condominios, casas de lujo), las cuales son apreciables en la carretera que conduce al pueblo. Asimismo, los cambios en el tipo de labores productivas, con su correspondiente flujo de mano de obra hacia la ciudad de México como algo cotidiano, provocan cambios en las expectativas de vida, sobre todo en los más jóvenes.

Vale destacar que las autoridades pretendían colocar tuberías el día 21 de mayo del año en curso, a una hora en que la mayoría de los que estaban en el pueblo eran niños, algunos jóvenes, señoras y personas de la tercera edad, creyendo tal vez que sería más fácil así “aplacar el descontento”. Muchas mujeres fueron agredidas verbal y físicamente, ancianos y ancianas, de igual manera que los niños. Entre los detenidos hubo muchos jóvenes. Sin embargo, el pueblo se organizó defendiendo lo que le pertenece: el bosque y el manantial.

Quizá, los que más se reconozcan como parte de una identidad colectiva heredada sean los viejos. No así muchos jóvenes; sin embargo, muchos de ellos reaccionaron para defender el manantial. A decir de la Comisión de Prensa de San Bartolo Ameyalco: “no hay identificación con el lugar que habitamos”; “es importante esta identidad para que no se nos lleguen a hacer ajenos los problemas sociales”. Asimismo, la división entre habitantes del pueblo que no viven su identidad histórica y quienes sí, provoca que el engaño de lo que es el proyecto se extienda y se hable de enfrentamientos provocados por un grupo de jóvenes, o por motivos de querer “acaparar” el agua, como han llegado a afirmar las autoridades, lo cual no es así.

La Asamblea del pueblo no ha aprobado el proyecto delegacional. Quienes se autonombran como “Comité Vecinal” juegan, a decir de los pobladores, como “infiltrados”, y su papel es alimentar la mentira y la división entre los habitantes; este “Comité Vecinal” se ha encargado de quitarles el servicio de agua a algunos pobladores. Este proyecto, a todas luces, es un robo que busca sostenerse en los habitantes que no se sienten  identificados con la cultura del pueblo. La fractura de identidad “no surge ahora, ya viene de tiempo atrás”, por lo que en estos momentos es indispensable la organización del pueblo para hacer pública su problemática, a fin de evitar abusos y extremar precauciones.

“Lo que quieren las autoridades es llevarse el agua, para seguir construyendo mansiones en el monte”, comenta alguien del lugar, “es necesario que corran la voz [...] ahora están los medios electrónicos [...] para que todos estemos enterados”.

Ante las agresiones por parte de la policía y la insistencia delegacional para llevar a cabo el proyecto de lo que se presume será el entubado del manantial, el pueblo de San Bartolo Ameyalco se pronuncia en pie de lucha, y dice no al proyecto que roba y mata; en cambio, dice a un proyecto para mantener montes acuíferos vivos. Hoy, este pueblo rescata formas de organización de consenso público, común, y su primera expresión es la asamblea comunitaria. En tal sintonía enfatizan:

·                     Derecho a la libre determinación como pueblo originario;

·                     a la consulta para realizar proyectos;

·                     a un gobierno autónomo;

·                     a decidir cómo manejar los bosques;

·                     a decidir cómo vamos a dar el agua;

·                     cómo conservar los montes acuíferos para el abastecimiento futuro. 

Esta lucha es entonces “por tirar el sistema neoliberal”, que busca despojar a las comunidades de sus recursos naturales para el enriquecimiento de gobernantes y empresarios. La destrucción y el despojo no deben pasar inadvertidos. Enseñar y aprender esta dimensión ética es una exigencia para la juventud; desaprender la avaricia y la sumisión es una exigencia más.  La juventud debe ocuparse de promover el bienestar de su comunidad, así como para hacer valer el derecho a su libre determinación; asimismo, dimensionar que los daños que acarrean este tipo de proyectos atentan contra la vida y que están encaminados a la destrucción de los lazos comunitarios. Lo comunitario es la prioridad, para tener qué heredar: la dignidad, el monte, el manantial.

Conclusiones

A pesar de que la batalla por el agua en San Bartolo aparezca como un conflicto nuevo, como una noticia de moda (para quienes habitamos en el Distrito Federal, e incluso para quienes viven en el pueblo de San Bartolo o sus alrededores), no lo es. Lo que sucede es que los medios masivos de comunicación se han encargado de ocultarlo, así como de decidir cuándo hay que poner atención en el conflicto y cuándo no.

Aun así, el hecho de que San Bartolo Ameyalco se haya convertido en foco de atención desde hace unas cuantas semanas, nos permite visibilizar que hay allí una amplia reserva natural que quiere ser explotada por el capital —lo cual nos confirma que la destrucción de la naturaleza es fuente de acumulación. Y, con mucha rabia, queda decir: San Bartolo es un lugar donde los indios siguen apareciendo como los bárbaros; donde el propio calificativo de indio/india es utilizado para insultar y pretender una sumisión que, no obstante, el gobierno del Distrito Federal, y en particular el de la delegación Alvaro Obregón, no encontrarán, mientras haya vida.

Los verdaderos intereses: robar el patrimonio cultural, eliminar todo lazo comunitario, menoscabar las tradiciones, usos y costumbres. Las concepciones tradicionales relacionadas con el monte, el bosque y quienes habitaron ahí a través del tiempo, dan origen a historias, relatos, cuentos, experiencias, que la tradición oral se ha encargado de mantener vivas y que sirven para reforzar un sentido colectivo de identidad —aunque, quiérase o no, ésta se está perdiendo. La lógica del capital busca minar todo terreno de resistencia.

Conviene declarar que: sentirse parte del pueblo implica sentir como propios los problemas del pueblo, a pesar de no ser originario de ahí, tal como lo han expresado personas que han llegado a habitar ahí, que se sienten identificadas con el pueblo y que hoy participan de sus luchas. Les gusta vivir en él. El manantial que brota ahí es un nexo de identidad, símbolo primordial del pueblo San Bartolo Ameyalco.

 

Imagen: Prensa de San Bartolo Ameyalco.

 

 

 

Ameyalco, ¡la guerra por el agua!

Tlacaélel

 

México D.F. 23 de junio 2014.



[1] Con parentesco cruzado quiero referirme a que, en pueblos aledaños como Santa Rosa Xochiac, San Mateo, Acopilco (pueblos próximos a San Bartolo), viven familiares, conocidos, amigos —lo que establece formas de relación y solidaridad entre estos pueblos.

[2] Cutzamala, una presa de la que se abastece el sistema de distribución de agua en el Distrito Federal.