PANORAMA DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN XALAPA

(CARTA A LOS COMPAÑEROS DEL COMEDOR AUTÓNOMO UNIVERSITARIO, EN OCASIÓN DE SU SEGUNDO ANIVERSARIO)*

 

Compañeros:

Quiero iniciar estas líneas con una reflexión teórica: ¿qué es lo que Marx vio en el proletariado, para considerarlo como sujeto histórico? Marx sabía que, por ser el fundamento de la producción, el proletariado era el único que podía dar origen, con su práctica misma, a nuevos modos y relaciones productivas; así, a diferencia de los teóricos pequeñoburgueses —que, por sus propias limitaciones de clase, no dejaron de creer en la “ignorancia de las masas” y, por tanto, fueron incapaces de entenderlas como sujeto—, Marx logró comprender la relación dialéctica entre práctica y teoría, presente en la vida misma del proletariado, y se dedicó a hacer explícito lo implícito (es decir: a teorizar, de una forma totalmente nueva) y a potenciar los movimientos emancipatorios de las masas.

Pero, además de este punto esencial, Marx observó en el proletariado tres características específicas de su condición de sujeto histórico. Esto quedó señalado así en el Manifiesto del Partido Comunista, pero no dejó de ser revisado por Marx a lo largo de toda su obra teórica:

a)      su carácter masivo, circunstancia que compartía, por ejemplo, con el campesinado en Europa y los esclavos en Estados Unidos y América Latina;

b)      sin embargo, a diferencia de estas dos últimas clases sociales, el proletariado estaba reunido en un solo espacio: la fábrica, donde se concentran los medios de producción del capital. Este hecho facilitaría, de acuerdo con Marx, la toma de conciencia del proletariado como clase y, por tanto, su acción revolucionaria conjunta; además, la experiencia de varios años bajo el yugo del capital les había enseñado a los obreros cómo manejar la producción, sin necesidad de control externo alguno;

c)      finalmente: por ser una clase totalmente empobrecida, el proletariado no tenía nada que perder, salvo sus cadenas, mientras que tenía todo un mundo por ganar; es decir: las luchas de los trabajadores no obedecerían a ningún ideal abstracto, sino que en ellas les iba la vida misma (y, como apuntaría Hegel, la libertad no es una idea que los hombres tengan, sino una idea que son; por tanto, es imposible dejar de luchar por ella).

Ahora bien: aunque Marx consideraba al proletariado como el sujeto histórico por excelencia, no por ello ignoró a los otros agentes revolucionarios que estaban en relación dialéctica con él. Aquí, el término clave es justamente relación dialéctica: para Marx, el nuevo modo de producción, el capitalismo, estaba subsumiendo a los anteriores modos productivos —y, a la vez, dando origen a nuevos fenómenos: la configuración de una aristocracia obrera, surgida dialécticamente del proletariado común, del crecimiento de las fuerzas productivas, la acumulación de ganancias y la consecuente aparición de un nuevo mercado con nuevas y más complejas necesidades sociales; la expansión imperialista, que comenzaba a dividir al globo en un Primer y un Tercer Mundos; la generación de un ejército industrial de reserva (es decir, de desempleados) en una proporción nunca antes vista, etc. Por ello, para Marx, tanto los remanentes del mundo precapitalista como los nuevos fenómenos que se estaban desprendiendo del capitalismo estaban vinculados orgánicamente con este modo de producción, en tanto éste había alterado estructuralmente las antiguas condiciones sociales —o, bien, estaba originando nuevas; es decir: había hecho de ellas su otro.

Así, las comunidades agrícolas en Europa oriental, la industria domiciliaria en Europa occidental (la primera manifestación moderna del trabajo informal), el sistema colonial en América Latina, el esclavismo en Norteamérica y el creciente número de desempleados en el mundo no eran ya, ni mucho menos, determinaciones ajenas al capitalismo, sino relativas a él. Ello no significaba, al mismo tiempo, que cada uno de estos escenarios no fuera el germen de cultivo de sujetos históricos autónomos, independientes del proletariado y, no obstante, necesariamente ligados con él en vistas de la revolución mundial —tal como lo muestra la famosa Carta a Vera Zasulich, en la que Marx se plantea las posibilidades de los mir rusos (comunidades agrícolas) como sujeto histórico.

Después de esta reflexión inicial, situémonos en Xalapa, el día de hoy: ¿qué sujetos históricos hay en esta ciudad, y cómo se relacionan con otros sujetos históricos a nivel nacional e internacional? Xalapa es una ciudad de poco más de medio millón de habitantes; carece de una gran industria y, por tanto, de un proletariado propiamente dicho; históricamente, ha sido más bien un espacio administrativo: es la capital del estado de Veracruz, pero no su capital económica; las ciudades y poblados que la rodean son el hábitat de antiguas familias de terratenientes más o menos arruinados por la modernidad, ahora dedicados al turismo —o, bien, de los propios burócratas y académicos que trabajan en Xalapa y que gustan de pasar el fin de semana en sus pequeñas y no tan pequeñas casas de campo.

En tiempos recientes, no obstante, las grandes cadenas comerciales (Wal Mart, Chedraui, Comercial Mexicana) han echado raíces en la región, lo que le ha dado a Xalapa un leve giro en su fisonomía económica: de ciudad administrativa a ciudad comercial. Se trata, entonces, de una ciudad pequeñoburguesa —lo que no significa que haya zonas con una marginalidad bastante pronunciada (colonias Mártires del 28 de Agosto, Ferrer Guarda, Revolución, etc.) y, en general, un índice de desempleo tan alto como en el resto del país. Tal vez a esta condición pequeñoburguesa se deba el mote igualmente pequeñoburgués de que Xalapa es una ciudad turística y cultural.

Pero el hecho de que sea tal implica, a la vez, que es una ciudad estudiantil: decenas de miles de jóvenes se congregan en Xalapa, provenientes de distintas zonas del estado y del país, para estudiar, sobre todo, en la Universidad Veracruzana —aunque también en algunas otras universidades particulares. De hecho, aproximadamente 20,000 de los 65,000 jóvenes (es decir, poco más del 30%) que integran la población universitaria xalapeña, estudian en dicha universidad. De esa manera, los estudiantes parecen cumplir, como ninguna otra clase social en Xalapa, con dos de las características señaladas por Marx como definitorias del sujeto histórico: la condición masiva y la de estar congregados en un mismo espacio: los pasillos de la universidad; sin embargo, cumplen con las otras dos: ¿su práctica es, en sí misma, revolucionaria, y en ella les va la vida misma, puesto que ya no tienen nada más que perder?

En tanto parte de la pequeña burguesía (o, al menos, de la pequeña burguesía en potencia), los estudiantes tienen una visión de mundo bastante conservadora: sus reivindicaciones no son las de estratos más profundos de la sociedad y, sus prácticas, por ello, muchas veces son elitistas; sin embargo, como parte de la pequeña burguesía, también han sentido los estragos sufridos por esta última en las más recientes cuatro décadas, lo que los ha acercado a la condición de proletarios y desempleados permanentes y, por tanto, aumentado su potencial revolucionario. Por lo demás, no se trata de que los estudiantes cambien el mundo solos, sino justamente de que aprendan a reconocer sus límites y, por ello, busquen servir como puntos de conexión con respecto a otros agentes revolucionarios en Xalapa y en México. Así, hemos visto cómo, por ejemplo, en las protestas de los últimos tres años contra la violencia nacional, el fraude electoral y las reformas magisteriales, los estudiantes de la Universidad Veracruzana (y los jóvenes, en general) han constituido el contingente más nutrido de manifestantes.

Sin embargo, naturalmente, esto no ha sido suficiente para hacer la revolución. Para caminar en este sentido, considero que las tareas de los estudiantes en Xalapa —en tanto sujeto histórico que, dadas las características de la ciudad, y no obstante sus limitaciones de clase, puede ser decisivo— son dos:

a)      tomar el control de la universidad; con esto, no me refiero a tomar meramente las instalaciones, como ya se ha hecho en más de una oportunidad, sino a generar las condiciones para que los estudiantes decidan hacerse responsables de sus propios procesos educativos, de manera horizontal, y así acaben con todo el burocratismo y el academismo imperantes; sólo de esa manera los estudiantes podrán abrir un vínculo orgánico entre universidad y sociedad, entre los estudios y el proceso general de la vida;

b)      simultáneamente, es necesario potenciar la relación entre el estudiantado y otros agentes sociales: estudiantes de otras universidades, trabajadores universitarios y no universitarios, normalistas, campesinos que llegan a la ciudad de Xalapa para protestar contra el gobierno estatal, desempleados, etc.

Entonces, me pregunto en qué medida nuestros proyectos —el de ustedes, el Comedor Autónomo Universitario, y el nuestro, el proyecto pedagógico-libertario en la Facultad de Letras— están contribuyendo a la realización de estas dos tareas; cómo, además, pueden unirse para llevarlas a cabo de modo más efectivo. Ya hemos tenido un primer acercamiento: nos han prestado su espacio autónomo para nuestras sesiones, lo que le ha dado un nuevo enfoque a nuestras dinámicas de trabajo y de organización. Ahora, ¿qué sigue?

El día de su aniversario, mientras los acompañaba a regalarles un pedazo de pastel a los vendedores de fruta que suministran solidariamente el comedor, me di cuenta de lo importante que es el que hayan entablado este vínculo con los trabajadores de la colonia —una de las más marginadas de la ciudad, por cierto. Éste es, sin embargo, todavía un vínculo comercial y afectivo; ¿cómo hacer de él un vínculo político?, ¿cómo mostrarle a la sociedad que a los estudiantes no sólo nos interesa sacar buenas calificaciones y obtener un empleo bien remunerado, sino, sobre todo, ayudar a hacer la revolución?

Luego de estas reflexiones, me despido. Lo hago, a la vez que felicitándolos por su proyecto, en este su segundo año, invitándolos a que conozcan el nuestro[1]. Además, les pregunto: ¿qué opinan de este análisis de la sociedad xalapeña?, ¿coinciden con las dos tareas revolucionarios que he planteado para los estudiantes universitarios? Si es así, ¿cómo podemos trabajar para llevarlas a cabo?

 

Sinceramente,

 

Héctor M. Sánchez

 

 

México, D.F., a 16 de mayo de 2014

 

 

 

 

 



* El Comedor Autónomo Universitario es un proyecto que surgió de la recuperación, por parte de alumnos de las facultades de Antropología, Sociología e Historia de la Universidad Veracruzana (Xalapa), de un espacio universitario en desuso. Esto ocurrió el 17 de mayo de 2012. A partir de ese momento, éste comenzó a ser autogestado por los propios estudiantes, lo que significó la puesta en marcha de un comedor que ofrecería comida saludable y de bajo precio, sobre todo, a los alumnos de la Universidad. Sin duda, es uno de los proyectos más interesantes del movimiento estudiantil en Xalapa.

 

[1] Para un análisis del mismo, ver el artículo “Un proyecto educativo en Xalapa” (disponible en <http://praxisenamericalatina.org/5-14/pedagogia.html>.), publicado en el número 11 de esta misma revista.