LA GUERRA DE ISRAEL SOBRE GAZA Y LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN EN LA VIDA Y EN EL PENSAMIENTO*

 

Gerry Emmett

 

Los crímenes de guerra cometidos por el gobierno israelí en su reciente ofensiva sobre Gaza nos recuerdan claramente la Operación Plomo Fundido de 2008: hospitales, centros de monitoreo de las Naciones Unidas, escuelas y albergues… ninguno de ellos se ha visto a salvo de los bombardeos; de igual forma, un enorme porcentaje de los muertos y heridos son niños. Es ésta, pues, una operación punitiva, desplegada a escala criminal —y que no guarda proporción alguna con el reducido poder de los misiles que han sido lanzados hacia Israel.

Hasta hoy, hay más de mil muertos en Gaza, y muchos más presentan serias heridas. Una generación entera de niños está traumatizada; cientos de edificios han sido devastados; la infraestructura del país se ha visto una vez más reducida a polvo.

Como ha sucedido en ocasiones anteriores, la presencia de funcionarios genocidas en el gobierno israelí—como Avigdor Lieberman, ministro de Relaciones Exteriores, o Naftali Bennet, ministro de Economía— ha sido la encargada de justificar la actual guerra contra Palestina. Sin embargo, dicho gobierno, compuesto por tales funcionarios, no debería tener otra misión que la de ser destituido tan pronto y tan completamente como sea posible.

El hecho que ha dado origen a este nuevo conflicto bélico es la creación, el 2 de junio del presente, de un gobierno de unidad nacional palestino producto de una tregua con Hamas. En efecto: dicha organización islamista radical se ha visto debilitada a causa de las transformaciones en la política regional provocadas por la Primavera Árabe: una vez perdido el apoyo de Bashar al-Assad (y de su respectivo protector: Irán), durante la Revolución siria, así como del ex-presidente Mohammed Morsi, durante la contrarrevolución en Egipto, Hamas se ha quedado relativamente aislada y ha conservado sólo el apoyo de Qatar y Turquía, aliados de los Estados Unidos. Por tanto, ha decidido pactar con el gobierno de Palestina.

Lo más importante de todo esto, no obstante, es que la formación de un gobierno de unidad nacional fue el resultado de las demandas de los jóvenes y revolucionarios palestinos en el contexto de la Primavera Árabe: “El pueblo quiere que cesen las luchas entre las facciones”. En efecto: las masas entendieron perfectamente que ni Hamas ni el gobierno palestino eran capaces de resolver sus exigencias; todo lo contrario: la eterna batalla entre ambas partes le abriría la puerta a la traición de los líderes y, sobre todo, a la contrarrevolución.

  El desarrollo actual del conflicto, en el que la ofensiva israelí ha causado considerables bajas, ha mostrado también los puntos débiles de Hamas: por un lado, en el ámbito tecnológico, en tanto que sus misiles no han mostrado ser amenaza alguna para Israel; por otro, en el estratégico-militar, en tanto que ha desperdiciado su escaso arsenal en ataques aleatorios a la población civil, en lugar de reservarlos para los enfrentamientos directos. Hamas cuenta con soldados perfectamente entrenados, dispuestos a dar la vida por defender su territorio; por ello mismo, no se comprende el uso que ha decidido darle a sus pocas armas de guerra —uso que, por otro lado, no hace sino acrecentar la atmósfera de crueldad y contrarrevolución ya de por sí existente.

Ahora bien: hay que entender que 2014 no es 2008. Las posibilidades abiertas por la Primavera Árabe le han dado un nuevo sentido al viejo conflicto entre palestinos e israelíes. Dicha revolución nos ha obligado a repensar la historia de Israel (y no sólo desde la perspectiva israelí) hasta el punto en que dicho Estado fue creado, en 1948. Así, el mero hecho de que esta revisión pudiera darse se ha convertido en el incentivo perfecto para que el Estado de Israel pusiera en marcha su maquinaria de guerra, con la cual pretende erradicar tal pensamiento de una vez y para siempre.

De igual manera, no hay que perder de vista que 2014 no es 2011. La contrarrevolución genocida llevada a cabo por el régimen de Assad ha hecho caer todas las máscaras ideológicas: nos ha develado, en cambio, la verdadera esencia de la sociedad burguesa, así como el modo en que la contrarrevolución se desprende de la revolución misma. Lo que ha quedado en claro, en suma, es que no hay soluciones medias posibles: si bien el gobierno de Netanyahu no puede ser exactamente comparable al de Assad, sí ha mostrado que, bajo su égida, ninguna solución verdaderamente revolucionaria será viable.

El ataque de Israel sobre el gobierno de unidad nacional palestina es sólo un ejemplo de esto último. Otro sería la expansión ilegal de asentamientos en la Franja de Gaza, la cual hace imposible un pacto entre ambos Estados en conflicto. En última instancia, esta proliferación de actos criminales está devastando tanto al pueblo palestino como al israelí. Por una parte, Netanyahu ha declarado que las posibilidades de un acuerdo bilateral son nulas; por otro, su gabinete neo-fascista sigue expresando abiertamente su deseo de anexarse los territorios. Los habitantes de la Franja de Gaza, en consecuencia, sólo parecen existir para ser aniquilados o desplazados: las protestas en esa zona han sido contrarrestadas con una brutalidad absoluta, lo que ha significado un aumento de diez millones en la cantidad de palestinos asesinados.

Más aún: incluso las manifestaciones al interior de Israel han sido reprimidas por matones sionistas radicales, lo cual nos habla de la corrupción de la sociedad israelí provocada por el hecho mismo de la ocupación ilegal de territorios.

  Ésta es, sin duda, una brutalidad sin límites —no obstante, nada de esto puede sorprendernos si traemos a la mente el reciente homicidio de tres jóvenes (Naftali Fraenkel, Eyal Yifrach y Gilad Shaar) que sirvió como preludio al estado actual de las cosas. En efecto: el asesinato de éstos, imputado a Hamas sin ninguna evidencia, trajo como resultado la terrible venganza perpetrada sobre el joven palestino Mohammed Abu Khdeir, quien fue obligado a tragar gasolina para luego ser quemado vivo. Todo ello sirvió de pretexto para que Netanyahu iniciara su ofensiva sobre Gaza, con la masacre consiguiente.

Ahora bien: no debemos olvidar que esta guerra nos ha abierto al mismo tiempo las posibilidades de un verdadero cambio revolucionario. De hecho, esto es lo que está en el fondo del apoyo masivo a Gaza, el cual se ha evidenciado en decenas de protestas a lo largo y ancho del mundo. Incluso el gobierno israelí ha comenzado a darse cuenta de que se encuentra luchando no sólo contra un grupo de seres humanos, sino contra una idea cuyo tiempo ha llegado: la idea de la libertad. Ésta pugna por la destrucción de todas las formas opresivas de relaciones humanas, así como por la construcción de un mundo totalmente nuevo. Tal lucha, en efecto, se está librando ahora en todo el globo.

 

Trad. Héctor M. Sánchez

28 de julio de 2014.

 



* Publicado originalmente en inglés como “Stop Israel’s War on Gaza: the Need for Revolution in Life and Thought”, en News and Letters, <http://newsandletters.org/stop-israels-war-gaza-need-revolution-life-thought/> [2 ago. 2014].