INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN DE 1983 DE CONTRADICCIONES HISTÓRICAS EN LA CIVILIZACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS. LAS MASAS AFROAMERICANAS COMO VANGUARDIA*

(Una mirada desde la década de 1980 al camino de ida y vuelta entre los Estados Unidos y África)

Raya Dunayevskaya

En este 20 aniversario de la famosa Marcha a Washington de marzo de 1963 y de la primera publicación de Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos la lucha continúa. La manifestación planeada para el 27 de agosto de 1983 en Washington se está llevando a cabo cuando la profunda recesión económica significa depresión para el mundo negro, no sólo en términos de desempleo —especialmente para la juventud, que se encuentra en un nivel sorprendente del 50 por ciento—, sino en toda la esfera de los derechos civiles, donde el presidente Reagan, ese artífice supremo, está buscando el retroceso de lo alcanzado por las luchas a favor de los derechos civiles de las últimas dos décadas.

La regresión representada por Reagan vuelve más necesario que nunca no dejar los hechos brutos en la fase de los hechos solamente. De lo contrario, todo lo que podríamos constatar sería que la Jungla de Magnolia que describimos en nuestra primera edición, está hirviendo igual que cuando Bull Connor desató las mangueras, perros feroces y látigos contra adolescentes en Birmingham, Alabama, y cuatro niños negros fueron hechos pedazos en una iglesia del lugar —tras lo cual Schwerner, Chaney y Goodman fueron torturados y asesinados en Mississippi, a Viola Liuzzo se le mató a balazos y el reverendo Reeb fue golpeado hasta la muerte después de la Marcha de Selma a Montgomery. Efectivamente, aquella jungla se encuentra a tal punto en ebullición que la juventud negra de Florida se ha levantado en revueltas durante tres años consecutivos.

La verdad, sin embargo, es en primera instancia que lo que se ganó durante las últimas dos décadas fue inseparable de la intensidad de nuevas formas de revuelta. La turbulenta década de 1960 presenció el nacimiento de todo un Tercer Mundo, para lo cual resultó central la revolución negra, en los Estados Unidos y en África. En segundo lugar, en forma inseparable y simultánea, se levantaba la bandera del humanismo marxista erigida por Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos en el marco del conjunto de los doscientos años de historia norteamericana, cuya civilización fue juzgada y encontrada culpable.

 En pocas palabras, separar una filosofía de la liberación de la lucha por la libertad nos condenaría a una revolución inconclusa más, como ha ocurrido en los Estados Unidos desde su nacimiento, cuando la Declaración de Independencia fue destinada sólo para los blancos y dejó esclavizada a la población negra. Debido a que esta historia, no sólo como pasado, sino también como presente, es racista, en el aniversario 100 de la Proclamación de Emancipación la introducción de Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos se intituló: “Sobre patriotas, villanos y amos de esclavos”.

 

Puntos de inflexión histórica: revueltas de esclavos, la dimensión de las mujeres y el anti-imperialismo.

Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos reveló que, en cada punto clave de desarrollo histórico, las masas negras en movimiento probaron ser la vanguardia. Tomemos el caso de las revueltas de esclavos que llevaron al nacimiento del abolicionismo, el cual creó una dimensión del carácter norteamericano. No es sólo, como apuntamos, que:

 

Eran interraciales y en una sociedad esclavista predicaban y practicaban la igualdad del negro. También se distinguieron por inspirar, alinearse con y luchar por la igualdad de las mujeres en una época en que éstas no contaban con el derecho al voto, a la propiedad o al divorcio. Eran internacionalistas y cubrieron Europa con su mensaje, regresando a este país el mensaje de los luchadores irlandeses por la libertad.

 

La naturaleza vanguardista de la dimensión negra en el movimiento abolicionista tiene mucho que decirnos hoy día —incluso cuando se trata de la liberación de las mujeres.

Tomemos un asunto tan simple como un nombre, específicamente el de Sojourner Truth. Mantengamos en mente lo que significa escoger un nombre ahora en el movimiento de liberación de las mujeres, que ha discutido ampliamente la cuestión de no llevar el nombre del esposo. Pero, ¿alguien aparte de Sojourner Truth incluyó toda una filosofía de la libertad en el nombre que eligió? Escuchemos su historia. Ella dijo que “habló con Dios”: le dijo que se rehusaba a llevar un nombre de esclava y le preguntó qué debía hacer. Él contestó lo siguiente: “Viaja (Sojourn) por el mundo y dile a todos la verdad (truth) sobre la democracia norteamericana, que no existe para la gente negra.” Así fue como ella decidió llamarse Sojourner Truth.

La mujer como razón y como fuerza siempre ha pasado desapercibida para los historiadores, por no mencionar a los filósofos. Sin embargo, en una fecha tan temprana como 1831, el mismo año que Nat Turner encabezaba la revuelta de esclavos más numerosa, María Stewart habló en público —la primera mujer nacida en Norteamérica, blanca o negra, en hablar públicamente. Su llamado era a:

 

Ustedes, hijas de África, ¡despierten!, ¡despierten!, ¡levántense! No duerman más, ni estén inactivas, sino distínganse. Muéstrenle al mundo que están dotadas de nobles y exaltadas facultades… ¿Hasta cuándo las justas hijas de África dejarán de verse obligadas a enterrar sus mentes y talentos debajo de un bulto de cazuelas y teteras? ¿Hasta cuándo una serie de hombres malos nos dejarán de adular con sus sonrisas, mientras se enriquecen con nuestros esforzados ingresos, a la vez que los dedos de sus esposas relucen con anillos y ellos mismos se ríen de nuestra insensatez?

 

La sordera total a las mujeres que le estaban dando forma a la historia se extendió al siglo XX; inclusive, cuando no era una cuestión de los derechos de una persona individual, sino cuando masas enteras en movimiento lucharon—¡y ganaron!

En 1929, en África, decenas de miles de mujeres Igbo se auto-organizaron frente al imperialismo británico y ante sus propios jefes africanos, a quienes acusaban de llevar adelante una nueva disposición inglesa para cobrarle impuestos a las mujeres. Se requirió el paso a nuestra época y un nuevo movimiento de liberación de las mujeres para que le pusiéramos atención a este tipo de páginas de la historia.[1]    

La naturaleza vanguardista de la dimensión negra es notoria también en la lucha contra el imperialismo en su manifestación temprana. Tomemos la cuestión de la Guerra Hispano-norteamericana; la población negra captó su naturaleza imperialista y se convirtió en la primera fuerza en el mundo fuera de América Latina que organizó una Liga Anti-imperialista en 1899. En síntesis: ya sea que dirijamos la atención a la Guerra Civil en los Estados Unidos o a las luchas anti-imperialistas en el mundo, las masas negras en movimiento mostraron su multi-dimensionalidad.

En el mismo año que se formó la Liga Anti-imperialista, en otra parte del mundo la marxista revolucionaria Rosa Luxemburgo escribía:

 

Ahora, Persia y Afganistán también han sido atacados por Rusia e Inglaterra. Desde entonces, los antagonismos europeos en África también han recibido nuevos impulsos; allí, también, la lucha se está desatando con nueva fuerza (Fashoda, Delegoa, Madagascar). Resulta claro que el desmembramiento de Asia y de África es el límite último más allá del cual la política europea no tiene más margen de maniobra. Seguirán más presiones, como ha ocurrido en la cuestión del Oriente, y las potencias europeas no tendrán más opción que abalanzarse una sobre otra, hasta que el período de la crisis final se coloque al interior de la política

 

La emergencia de todo un nuevo Tercer Mundo en nuestra época arroja nueva luz tanto en el atisbo del genio de Luxemburgo al abordar el ascenso del imperialismo, como en la poco conocida página de la historia negra relativa a sus luchas anti-imperialistas tempranas. Las luchas ahora han alcanzado una nueva intensidad y son multi-dimensionales. Como hemos presenciado en las luchas contra la guerra de Vietnam, fue la juventud negra la que primero articuló el desafío: ¡Al diablo! ¡No iremos! Sin embargo, desde la década de 1960 ha resultado claro que inclusive las grandes acciones requieren de la dirección de una filosofía general de la libertad. Lo que se necesita ahora es concretar esa filosofía de la libertad para la realidad de nuestra época.

La emergencia del Tercer Mundo como Marx lo vislumbró

Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos revela tanto las fuertes raíces norteamericanas de la obra de Marx, como su visión prometeica. Tomemos la forma sucinta en que Marx indicaba la situación de la Guerra Civil durante su momento más oscuro, mientras la guerra se extendía y los generales del Sur estaban ganando de una manera tan contundente, que produjeron una actitud derrotista en el Norte. Mientras otros se centraban en las fuerzas militares, Marx veía las fuerzas de la revolución: “Un solo regimiento negro tendría un efecto notable en el ánimo del Sur… una guerra de este tipo debe conducirse bajo parámetros revolucionarios…” (Carta de Marx a Engels del 7 de agosto de 1862).

Desde su primera ruptura con el capitalismo, al descubrir todo un nuevo continente de pensamiento y de revolución, al cual llamó un nuevo humanismo, el capitalismo fue aquello que Marx criticó y contra lo que luchó a lo largo de su vida. De la siguiente forma describió los orígenes del capitalismo:

El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América; el exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen; el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales; la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros, son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista (Karl Marx, El capital, tomo I, capítulo XXIV).

 

El desenmascaramiento del racismo de la civilización occidental por parte de su dimensión negra en momentos revolucionarios de ascenso de las masas vuelve imperativo un serio retorno, en el centenario de la muerte de Marx, a su desvelamiento crítico y revolucionario de los fundamentos capitalistas de la civilización occidental. Justo como en los Estados Unidos, también en Inglaterra la civilización occidental ha sido enjuiciada por la dimensión negra. Esto resultó particularmente agudo durante la rebelión de Brixton de abril de 1981. Como el famoso reporte de la Comisión Kerner que siguió a las rebeliones de 1967 en los Estados Unidos y las investigaciones actuales sobre las rebeliones de Miami, el gobierno británico creó su Reporte Scarman acerca de las rebeliones negras inglesas. Mientras el tono del reporte británico es más airado que su contraparte norteamericana respecto al desvelamiento del fetichismo de Inglaterra en torno a su pretendida “civilización”, lord Scarman, sin embargo, encontró que “los desórdenes, como tantos actos de vandalismo en la historia británica, fueron una protesta contra la sociedad por parte de gente profundamente frustrada y desposeída, quienes vieron en un violento ataque a las fuerzas de la ley y el orden una oportunidad de atraer la atención del público hacia sus sufrimientos.” Habiendo participado en el negocio del imperio durante más tiempo que los norteamericanos, las autoridades británicas tienen mayor habilidad para reconocer continuidades históricas en las nuevas formas de revuelta contra su dominio. Por ello, en su primer párrafo, el Reporte Scarman indicaba que “la bomba de gasolina se utilizó ahora por primera vez en las calles de Inglaterra (la idea, sin duda, fue copiada de los disturbios en Irlanda del Norte).”[2]

Frantz Fanon estaba absolutamente en lo cierto cuando, en nuestra época, escribió: “Hace dos siglos, una antigua colonia europea decidió ponerse al corriente con Europa. Tuvo tanto éxito, que los Estados Unidos de América se convirtieron en un monstruo.” La extrema urgencia de tratar con ese monstruo global ahora exige que las luchas estén estrechamente vinculadas con una filosofía general. Mientras sobrevivimos a nuestra época, necesitamos centrarnos simultáneamente en: 1) el camino que lleva a la década de 1980 desde la última década en la vida de Marx, y 2) el pensamiento revolucionario negro.

Fue en su última década de vida que Marx descubrió nuevas rutas hacia la revolución. Los capitalismos de Estado de la actualidad que se hacen llamar comunistas, como Rusia y China, han abandonado por completo la filosofía y la vigencia del concepto revolución en permanencia de Marx. Por otra parte, Marx introdujo cambios fundamentales en El capital, su máxima obra teórica, que revelaron sus nuevas apreciaciones sobre la posibilidad de una revolución en zonas tecnológicamente subdesarrolladas antes de que ocurriera en el Occidente avanzado. Consideremos la simple expresión: así llamada, situada por Marx en el título de la última parte de El capital: “La así llamada acumulación originaria de capital”. Aunque esa expresión ha sido descartada por marxistas después de Marx, remite a la acuciante cuestión de nuestra época —la relación de los países tecnológicamente avanzados con el Tercer Mundo tecnológicamente subdesarrollado. Lo que Marx señalaba con su expresión así llamada era que simplemente no era cierto que la emergencia del capitalismo a partir del saqueo del mundo asiático y africano caracterizara sólo a la fase primitiva del capitalismo.

Para enfatizar en lo subsecuente que el capitalismo tecnológicamente avanzado no ha dejado atrás la así llamada fase primitiva que convierte a África en “cazadero de esclavos negros”, forzándolos a la esclavitud en países “civilizados”, Marx subordinó toda una sección de la parte octava y la incorporó a la parte 7, “La acumulación de capital”. Allí, ésta alcanzaba su máximo punto: la concentración y centralización de capital. Además, Marx le agregó un nuevo párrafo a la edición francesa de 1875 de El capital, que mostraba que este  camino continuo hacia el imperialismo “se anexaba exitosamente extensas áreas del Nuevo Mundo, Asia y Australia.” [3] 

Mientras Marx se dedicaba a estudiar sociedades pre-capitalistas —ya fueran los nativos americanos, los indios en La sociedad antigua de Morgan o los aborígenes australianos nombrados por Marx como los negros inteligentes—, se confrontó con cualquiera que quisiera transformar su capítulo “La tendencia histórica de la acumulación capitalista” en algo “universal.” Marx insistía en que había descrito la fase histórica específica del capitalismo occidental; que no era necesario que otras sociedades siguieran el mismo camino. Si lo hacían, “perderían la mejor oportunidad jamás ofrecida por la historia a algún pueblo y atravesarían por todas las vicisitudes terribles del régimen capitalista.”[4]

 

La revolución en la filosofía y en los hechos

Las expectativas de Marx sobre la posibilidad de una revolución procedente de regiones tecnológicamente subdesarrolladas adquieren un nuevo sentido en nuestra época con la emergencia de todo un Tercer Mundo, así como de nuevas luchas de masas y el nacimiento de nuevas fuerzas revolucionarias como razón. La dimensión negra en los Estados Unidos, así como en África, mostró que habíamos alcanzado un movimiento totalmente nuevo de la práctica a la teoría que era, a la vez, una nueva forma de teoría. Fue este nuevo movimiento desde la práctica —esas nuevas voces que surgían desde abajo—, el que escuchamos, registramos y desarrollamos dialécticamente. Esas voces exigían que un nuevo movimiento desde la teoría se enraizara en ese movimiento desde la práctica y se desarrollara hasta el punto de la reflexión filosófica: una filosofía de la revolución mundial.

Nuestra primera obra teórica importante, Marxismo y libertad, situada en el contexto de ese movimiento desde la práctica, fue continuada por una serie de panfletos en los que las voces de todas las fuerzas revolucionarias—trabajadores, negros, mujeres, jóvenes— podían ser escuchadas, desde La lucha obrera contra la automatización a Los Freedom Riders hablan por sí mismos [Freedom Riders Speak for Themselves], y de El Movimiento por la Libertad de Expresión y la revolución negra a Mujeres obreras a favor de la libertad. Efectivamente, no sólo escuchamos las voces de los Freedom Riders en 1961, sino también la historia de las magníficas mujeres negras de Mississippi que se hacían llamar Poder Femenino Ilimitado y que llegaron en ayuda de los Freedom Riders encarcelados.

Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos arrojó nueva luz sobre la doble vía entre África y los Estados Unidos a través de las Indias Occidentales británicas, al mostrar que aquello que para los capitalistas era el comercio triangular de ron, melaza y esclavos, fue, para los negros, el siempre vivo desarrollo triangular del internacionalismo, de masas negras en movimiento y de ideas. Este desarrollo triangular permanece como la fuerza dominante hasta el presente.

En nuestra época, el dinamismo de las ideas en África se sitúa en primer plano si lo contrastamos con las exhaustas ideologías burguesas norteamericanas que colocaban a la década de 1950 como la era del “final de las ideologías”, justo cuando todo un nuevo Tercer Mundo emergía. Como si tomara partido contra lo que escribían los ideólogos del capitalismo, consideremos el discurso de 1959 de Leopold Sedar Senghor al Congreso Constituyente que unificaba a Mali y Senegal:

 

Una nación que se niegue a cumplir su cita con la historia, que no crea que porta un mensaje único —esa nación está acabada, lista para ser colocada en un museo. El negro africano no ha concluido antes de haber empezado. Déjenlo hablar; principalmente, déjenlo actuar. Déjenlo traer como un fermento su mensaje al mundo, con el fin de crear una civilización universal… Recapitulemos las contribuciones positivas de Marx. Ellas son: la filosofía del humanismo, la teoría económica, el método dialéctico.

 

Es verdad que África desde entonces ha sufrido muchos retrocesos, como es cierto que la unificación de Mali y Senegal se ha roto, y que el pensamiento de Senghor ha involucionado. Sin embargo, no es cierto que la lucha de masas por la libertad haya bajado su intensidad. Tampoco es verdad que Senghor represente a todo el pensamiento africano. Frantz Fanon fue su opuesto en el pensamiento y en la acción; su filosofía está viva en cuanto a Sudáfrica concierne y, efectivamente, puede ser el fundamento para las luchas actuales por la libertad en todo el mundo. Fue esta nueva fase en el camino de ida y vuelta que presentamos en nuestro panfleto de 1978: Frantz Fanon, Soweto y el pensamiento negro norteamericano.

Si nos situamos en el año 1959, cuando Senghor hizo el llamado al Congreso Constituyente, encontraremos que el mismo año Frantz Fanon se dirigía al Segundo Congreso de Artistas y Escritores Negros, reunido en Roma, donde dijo: “La conciencia de sí no supone un obstáculo para la comunicación. El pensamiento filosófico nos enseña, por el contrario, que es su garantía. La conciencia nacional, que no es nacionalismo, es lo único que nos dará dimensión internacional.”

Además, no se trataba de una filosofía que se elaborara por ella misma, ni concebía a la historia como pasado, ya que Fanon estaba colocando al trabajador negro frente al intelectual negro en su lucha contra el colonialismo:

 

La historia nos enseña claramente que la lucha contra el colonialismo no camina en la misma dirección exacta que el nacionalismo… Ocurre que la falta de preparación de las clases educadas, la ausencia de vínculos prácticos entre ellas y las masas del pueblo, su pereza y, tiene que decirse, su cobardía en el momento decisivo de la lucha, traerá consigo trágicos acontecimientos (Los condenados de la tierra).

 

En esto también, la visión de Fanon llegó lejos. Es por ello que el último capítulo de la obra de 1973, Filosofía y revolución —“Nuevas pasiones y nuevas fuerzas: la dimensión negra, la juventud contra la guerra de Vietnam, el trabajo obrero de base, la liberación femenina—, citaba al trabajador negro norteamericano de la industria automotriz que le dio a la filosofía del humanismo su filo más agudo: “Ya no hay camino intermedio. Los días que aceptamos ‘tomar el menor de dos males’ han terminado. Uno se tiene que ir a los extremos ahora. El racismo es el problema aquí y, para librarnos de ello, para ser humanistas, necesitamos una revolución.”

El movimiento de la conciencia negra ahora ubica a Fanon como un gran teórico del Tercer Mundo, a la vez que reconoce la creatividad única de Steve Biko en el levantamiento de Soweto de 1976 y al haber fundado ese gran nuevo movimiento. Es justamente por ello que el terrible régimen del apartheid sudafricano asesinó a Biko en septiembre de 1977.

No fue casualidad que Charles Denby, el obrero negro que editó News and Letters desde su surgimiento, se sintió obligado en 1978 a agregar una segunda parte a la historia de su vida que había sido publicada en 1952 como Corazón indignado. Así, la segunda parte de Corazón indignado: diario de un obrero negro comienza con el boicot de autobuses en Montgomery en el año en que los News and Letters Committees se fundaron y termina con un capítulo sobre “La lucha mundial por la libertad”, en el que se aborda “la identificación de Norteamérica negra con Soweto y Biko, Fanon y el pensamiento caribeño.” Resulta claro por qué esta historia de la vida de Denby, desde el Norte hasta el Sur, y que recoge medio siglo de luchas por la libertad —desde las luchas de los negros rurales en el Sur hasta las huelgas de obreros negros en el Norte—, concluye con esta afirmación de un trabajador negro: “Considero mi historia como parte de las luchas mundiales por la libertad.”

Es en Azania (Sudáfrica), donde los acontecimientos más apasionantes se están desarrollando ahora, revelando cómo los trabajadores de las minas se están organizando y pensando por su cuenta. Una simple palabra, ¡Amandla! (poder), indica cómo se ha llegado a una nueva fase. Fue esta palabra la que utilizó Teboho Noka, uno de los organizadores de la Unión Nacional de Trabajadores de las Minas, para enfatizar que no solamente están luchando por diferentes condiciones laborales y salarios más altos, sino por Amandla, agregando: será nuestro. Es esa sensación de estar luchando por nada menos que la libertad lo que transforma la pugna basada sólo en la batalla de un sindicato, en una por toda una nueva sociedad.

Como Marx en su momento, Frantz Fanon en nuestra época afirmó que su filosofía es un nuevo humanismo, y la desarrolló de manera original en Los condenados de la tierra:

 

Camaradas, alejémonos de este movimiento estancado en el que gradualmente la dialéctica se está convirtiendo en una lógica del equilibrio. Consideremos la cuestión de la humanidad. 

Para Europa, para nosotros mismos y para la humanidad, camaradas, debemos cambiar la página, elaborar nuevos conceptos y buscar crear un nuevo ser humano.

Esta nueva humanidad no puede hacer otra cosa que definir un nuevo humanismo para sí misma y para otros.

 

La agitación de masas ahora y la necesidad de fundamentos verdaderamente humanistas

Así como fue la dimensión negra la que hizo sonar la voz de alarma contra la primera aventura del imperialismo norteamericano en las Filipinas y en el Caribe a la vuelta del siglo, ahora la dimensión latina se opone a las acciones imperialistas de Reagan en Centroamérica y el Caribe. La diplomacia del garrote [gunboat diplomacy] que vio a los Estados Unidos invadiendo países una y otra vez —desde Cuba y Nicaragua hasta Panamá y Honduras, durante el periodo que transcurrió entre principios de siglo hasta la década de 1930—, ha regresado bajo una nueva forma insidiosa con Reagan. Su política, consistente en instalar dictaduras derechistas y en atacar a la naciente revolución nicaragüense, parecía configurada con el fin de incorporar a toda Centroamérica en una guerra “regional”—esto es: hacer que los países latinoamericanos combatan entre sí para el beneficio del imperialismo norteamericano. La oposición revolucionaria que se erige dentro de Centroamérica —y, de hecho, en toda América Latina— se extiende a la dimensión latina aquí, dentro de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, todos estos esfuerzos se encuentran unidos para contener los manotazos contrarrevolucionarios de Reagan y, al expresar las dimensiones de las minorías nacionales, el género y la clase, están creando nuevos caminos para la revolución social en América Latina y en los Estados Unidos.

La agitación de masas hoy día alrededor del mundo, la profunda recesión en la que nos encontramos y las múltiples crisis políticas con las que nos confrontamos, exigen intensas y nuevas actividades —ya sea en la línea de producción o en la masiva campaña antinuclear, o bien en los movimientos revolucionarios negros—, las cuales estén vinculadas estrechamente con una nueva pasión por la filosofía y la dirección revolucionaria.

Esa dirección revolucionaria puede encontrarse si vemos cómo Marx la desarrolló concretamente para su filosofía de la revolución en permanencia y la relacionamos con el mundo negro.

La referencia de Marx en sus Cuadernos etnológicos al aborigen australiano como el negro inteligente llevó a su conclusión la dialéctica que él había desencadenado desde que rompió con la sociedad burguesa en la década de 1840; así, objetó el uso de la palabra inglesa negro como si fuera sinónimo de la palabra esclavo. Para la década de 1850, en los Grundrisse, extendió esa sensibilidad a todo el mundo pre-capitalista. Para la década de 1860, la dimensión negra se convirtió no sólo en un pivote para la abolición de la esclavitud y la victoria del Norte en la Guerra Civil, sino también para la elaboración de El capital. En pocas palabras, la afirmación comúnmente citada: “El trabajo no puede emanciparse a sí mismo sólo entre los blancos, mientras entre los negros esté estigmatizado”, lejos de ser una aseveración retórica, era de hecho la realidad efectiva y la perspectiva adecuada para superar esa realidad. Marx alcanzó, en cada punto de inflexión histórica, una conclusión no como un término, sino como un nuevo punto de partida, un nuevo comienzo, una nueva visión.

En el caso específico de la Guerra Civil en los Estados Unidos, no se trataba solamente de una cuestión teórica o de una acción nacional, sino de organización internacional; así, Marx resolvió que la Asociación Internacional de Trabajadores ayudara en el norte de los Estados Unidos a los abolicionistas, así como lo hizo en el marco de las luchas de la clase obrera europea y en la revuelta polaca contra el zarismo ruso. Tal y como lo muestra Polonia hoy día, los luchadores por la libertad no renuncian a su lucha aunque se vean obligados a actuar bajo el látigo de la contrarrevolución.

Indiscutiblemente nos encontramos, en este año del centenario de Marx, en el inicio de nuevos comienzos revolucionarios en el mundo negro. Los veinte años transcurridos desde que se escribiera Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos han visto en el mundo no solamente el impulso capitalista hacia la guerra, que ha amenazado la misma existencia de la civilización tal y como la conocemos, sino también su opuesto mismo, las masas revolucionarias en movimiento. El retroceso de Reagan, así como las luchas indetenibles contra los intentos de llevar atrás lo alcanzado en las últimas dos décadas, le dan actualidad a esta nueva cuarta edición ampliada (y quinta impresión) de Contradicciones históricas en la civilización de los Estados Unidos.

El reto absoluto de nuestra época es la concreción del concepto de revolución en permanencia de Marx. La dimensión negra es crucial para la total transformación de la sociedad explotadora, racista y sexista existente y para la creación de fundamentos nuevos, verdaderamente humanistas.

Para los News and Letters Committees.

Agosto, 1983.



* Dicha edición será publicada en este mes (agosto) por Editorial Juan Pablos y Prometeo Liberado.

[1] Ver Judith Van Allen, “Aba Riots or Igbo Women´s War, en Ufahamu 6, no. 1 (1975). Para una versión más elaborada de este mismo texto, ver Women in Africa, Nancy Hafkin y Edna Bay (eds.), Stanford, Stanford University Press, 1976. Una visión global de las mujeres revolucionarias se encuentra en Raya Dunayevskaya, Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución, México, Fondo de Cultura Económica, 2009.

[2] Marx destacó frecuentemente la profunda relación entre los revolucionarios irlandeses y el resto de las minorías. Un proyectado volumen segundo de documentación, que cubrirá el impacto del garveyismo en los Estados Unidos, África y las Indias Occidentales, revela el vínculo revolucionario entre el garveyismo y las luchas irlandesas del comienzo del siglo XX. El volumen 1 (1826-1919) y el volumen 2 (1919-1920) serán impresos en noviembre de 1983, editados por Robert A. Hill (Berkeley, California, University of California Press). Ver también “British Civilization on Trial, en el número de mayo-junio de 1981 de Marxist-Humanism, revista de los humanistas marxistas ingleses.       

[3] Este párrafo fue excluido de la edición inglesa y de la alemana que preparó Engels. Se trata en el capítulo 10 de Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución: “Una década de transformación histórica: de los Grundrisse a El capital”. 

[4] La carta de Marx a la revista rusa que había publicado una reseña de su obra fue escrita en noviembre de 1877; sin embargo, no fue publicada en Rusia sino hasta 1886, tres años después de la muerte de Marx.