Proletarios en Colombia sin salario, sin derechos… ¿Sin futuro?

El primero de marzo de 2010 por las calles de Cali marcharon 300 de los 4.300 trabajadores informales del reciclaje registrados en la ciudad, reivindicando su día internacional y denunciando los atentados que el gobierno cipayo de Álvaro Uribe Vélez. El ejecutivo además de someter y despojar a los trabajadores de sus derechos y garantías sociales, (suprimió el contrato laboral, las prestaciones y la seguridad social) niega el derecho a pensión a partir de 2010 y le quita el derecho a la salud a la mayoría de los colombianos.

Ahora arremete contra los trabajadores de la calle, criminalizando sus actividades. Desde ahora los jugosos negocios de la basura y el reciclaje, serán manejados por las empresas de  los jóvenes y nuevos multimillonarios hijos de Uribe Vélez.

Los recicladores, el sector popular emergente de los últimos 20 años, se expande en silencio con sus pasos limpios, realizando la asepsia a la ciudad chatarrizada, a las calles congestionadas, intoxicadas por el plástico y el humo. Habitan en su mayoría en las calles, hacinados en tugurios, en la zona de ladera en la periferia, al lado de caños de aguas putrefactas, en zonas bajas inundables, en zonas de alto riesgo.

El reciclaje  y el "rebusque" son el último refugio de una fuerza laboral que se niega a mendigar un puesto de trabajo porque ya no existe tal posibilidad. Vienen de todas partes: ex trabajadores de lo que en los 80 aún se denominaba “sector industrial” que el Neoliberalismo erradicó; ex obreros de lo que fueran derechos fundamentales ahora privatizados, como la salud, la educación, los servicios públicos domiciliarios y las obras públicas.

Son campesinos, afrocolombianos e indígenas desplazados, expropiados de sus tierras, de su seguridad alimentaria, de la vida de sus familias, por tradicionales y emergentes capitalistas legales e "ilegales", nacionales y transnacionales.

Son casi 10 millones (el 20% de la población), que sobreviven con ingresos inferiores a 2 dólares diarios; no hacen parte de estadísticas de servicios o de encuestas de consumo. Además son 30% (17.4 millones) con ingresos inferiores a dos salarios mínimos mensual; escasamente cubre el 50% de las necesidades básicas de una pequeña familia.

El país ostenta el más alto índice de desempleo en la región, que llegó a 31 de diciembre del 2009 al 11.1 % con ciudades como Pereira que sobrepasó el 20% según el DANE, estadísticas falsas que encubren la magnitud del desempleo que incluye a personas que laboran un día a la semana y a vendedores callejeros de baratijas como empleados. Por cada 100 trabajadores formales hay 109 informales o desempleados (Periódico Desde abajo número 153 - 2010).

Para la izquierda no son prioridad la organización, la unidad ni la movilización de sectores populares como los recicladores, mucho menos la construcción de alternativas de verdadero poder popular que permitan enfrentar en todos los campos  al proyecto oligárquico-imperialista; pues no cree en la capacidad de los sectores populares para crear y cambiar sus condiciones de existencia.  

El sindicalismo en proceso de extinción no se compromete en esta tarea. Los sindicatos con sus luchas económicas aisladas solo logran mantenerse en las condiciones de explotación impuestas por el capital en la década anterior, pues ya han perdido casi la totalidad de sus reivindicaciones logradas por los trabajadores hasta mediados del siglo pasado.

--Quintín Mina