UN   TORBELLINO   DE    SENTIMIENTOS

María de los Ángeles García Ramírez

Quiero que sepan que, en un primer momento, yo no creí en el movimiento de los ZAPATISTAS y al igual que la mayoría de la gente, sólo creía todo lo que decían las noticias sobre ellos: que eran guerrilleros, en sentido peyorativo, y que solo querían molestar al gobierno; que su comandante MARCOS solo era un chico que a su madre no le importaba y que solo quería llamar la atención de la  gente presentándose en los medios.

Pero quiero decirles, también, que tengo una hijita que cuando entró a la Universidad a estudiar Filosofía, le advertí que no la dejaría ir a las marchas y que mucho menos tuviera algo que ver con los ZAPATISTAS. Pero en mi destino ya estaba el conocerlos y al mes de que ya habían empezado las clases conocí a una chica ZAPATISTA y cuando le platique a mi hija ella rio y me pregunto: “¿y era mala?” Y yo sólo reí. Mi hija siempre me explico sobre su movimiento, yo no quise creer y todo comenzó hasta que inició su trabajo de Tesis, en la que hablar de educación popular. Y llego el día de partir a Chiapas a la Escuelita Zapatista. Créanme que tenía mucho miedo y mientras el camión agarraba camino ya para salir a la carretera, mi cabeza sólo recordaba aquel día que tomaron en armas San Cristóbal en 1994. Mi hijita, que tenía tres años, me preguntaba “¿por que peleaban?” y le conteste que “era gente que no tenía otra cosa mejor que hacer”.

 Cuando llegamos a Oventik, mi miedo creció tanto que cuando bajamos del camión el enfrentarme a la lluvia al lodo la neblina y ver a los compañeros con sus capuchas y lo difícil que era para mí mantenerme de pie me llevo a mi primera frustración. Me di cuenta que no era lo mismo la ciudad que ese lugar y llore porque mi frustración era inmensa y conforme fue pasando la noche pensé que no era justo no disfrutar la fiesta. Al día siguiente comenzamos la aventura de llegar al registro al cideci y partir al IV Caracol, Morelia. Nunca imaginaria que todos mis sentimientos darían vueltas como remolino dentro de mi ser. Cuando llegamos al Caracol IV después de viajar 6 horas en camión, nos dividieron por comunidades y al entrar al Caracol nos recibieron con fanfarrias y aplausos, de verdad que me sentí muy apapachada. Y ya al llegar a la comunidad  LA NUEVA REVOLUCION cuál sería mi sorpresa que nos bajaron a media carretera para llegar a la comunidad.

Tuvimos que caminar 2 kilómetros, pero el camino fue muy complicado: las bajadas y subidas de las piedras, los charcos de lodo, ver los voladeros me llenaron de miedo y ahí empecé a cuestionar mi manera de pensar hacia ellos, que no era lo que decían los medios sobre la tala de árboles, que no eran malos como decían las noticias, que tenían más de 20 años caminando ese lugar que como podían vivir así y volví a romper en llanto a medio camino porque no podíamos, mi hija y yo, caminar sobre el lodo y las piedras, el musgo y sólo le dije a mi guardiana que “si me dejaba ahí sola moriría de miedo”. Ella se rio y me dijo que por tampoco lloraba. Cuando llegamos a la comunidad, nos recibieron siempre los compañeros muy amables la familia que me adopto esos días siempre fue muy linda. Platicábamos de cómo había sido su lucha por sus tierras, cómo habían sobrevivido a los abusos de los que se decían dueños de sus tierras. Yo ya no pude más, porque cada día que pasaba me sentía muy mal por todo lo que pensaba de los compas, antes de conocerlos, y les dije lo que pensaba sobre su lucha, en un primer momento. Les pedí que me disculparan por no creer en ellos y que me sentía muy mal porque ellos me ofrecieron su casa, su comida y que el ver como tenían que trabajar para llevar su comida a la mesa no era fácil y que me habían dado una lección de vida. Ellos se quedaron callados y me observaron. En ese momento pensé que me echarían de su casa, ese silencio se me hizo eterno y el compañero Emiliano me dijo: “que no me preocupara, que lo bueno era que había visto  con mis propios ojos como era su vida  y que ellos solo querían trabajar y vivir dignamente con sus familias en sus tierras que ellos querían respeto y que los dejaran vivir en paz”. Yo les dije que, de mi parte, le diría a la gente todo lo que han hecho estos años y que me pondría a leer más sobre todo lo que ellos han hecho estos años de lucha. Llego el día de partir y pensé que ahora entendía porque Marcos no se regreso al D.F.

Cuando llegamos a México, mi hija me pidió que fuera a comprar una revista que hablaba de los ZAPATISTAS y MARCOS y cuál sería mi sorpresa, que al empezar a ver la revista en una foto estaba la compañera  Oralia, la señora que me hospedó en su casa. Llore mucho cuando la reconocí. La gente que estaba alrededor de mí, me miraba extrañada.

 Sólo quiero decir que esta experiencia con los compañeros fue muy interesante. Ha cambiado muchas cosas dentro de mí. Todavía tengo sentimientos encontrados, ya ha pasado casi un mes y todavía hay un torbellino de emociones en mi mente y en mi alma. Me llevo la mejor experiencia de mi vida. Ahora les he platicado a los amigos, de los compas y por que hicieron su lucha y estoy muy contenta de compartir mi experiencia con ellos de lo vivido y que ello me ha ayudado a ser mejor persona y a querer colaborar colectivamente en esta lucha, que es ahora nuestra también.