La Escuelita zapatista: una práctica colectiva contra el terror de Estado

Valentina Victoria

 

Donde hay represión y violencia, no hay libertad ni democracia. Esto es lo que existe en México con el gobierno del PRI, PAN, PRD, PVE, o llámese de cualquier manera. Sabemos que las formas de reprimir son diversas: militarización de la vida civil, criminalización de la protesta social, encarcelamientos, torturas, violaciones, despojos, acosos, desapariciones, entre otros. Estos métodos sistematizados dan como resultado un terror de Estado utilizado para controlarnos, paralizarnos, meternos en un estado de shock colectivo y llevar a cabo todos los planes que dicte el imperio capitalista. Afortunadamente, no todo es tan sencillo para los poderosos. Aquí se da la resistencia a sus planes; un ejemplo es la Escuelita zapatista.

Varias de las formas que se utilizan para contrarrestar el terror de Estado se pudieron experimentar de manera colectiva con los 1,700 alumnos que participaron en la primera generación de la Escuelita en compañía de las familias zapatistas, bases de apoyo y votanes. ¿De qué forma? Se sabe que la dinámica de la Escuelita zapatista fue recibir clases acerca del gobierno autónomo, la resistencia autónoma, la participación de las mujeres, la educación, la salud, etc. Después, ir cinco días a la casa de una familia a compartir la vida acompañados de un votán, regresar al caracol, terminar las clases con una comida y un baile de despedida.

Por tanto, al identificarnos como simpatizantes, alumnos, compañeros en la resistencia contra el gobierno y el capital, así como al escuchar las historias de vida en la casa de las familias junto al votán, se dio una identidad colectiva y un sentimiento de pertenencia a un grupo: la identidad que nos ayuda a mantener la seguridad emocional que da como resultado la capacidad de acción mediante la toma de consciencia de las situaciones en que vivimos.

La asistencia de alumnos internacionales de Brasil, Argentina, India, Italia, Chile, entre otros, globaliza la dignidad potencial esencial para la emancipación. El acompañamiento físico tan cercano, cálido, que se dio entre alumnos, familias y votanes dentro de los hogares; la ayuda mutua  experimentada en el cafetal, la doblada del maíz, la recolección de leña y el trabajo en las cooperativas de vaquillas o pollos; el cocinar y el estudio de los libros con el votan fueron acciones de acompañamiento, cooperación y organización que nos permitieron la cohesión social y la reconstrucción del tejido social bastante dañado por el terror impuesto. De esta manera disminuyen la agitación y el miedo y se fomenta la aparición de conductas que mejoran el apoyo entre compañeros.

El observar de cerca lo cotidiano, los trabajos  colectivos, las cooperativas, la construcción de un gobierno autónomo, de escuelas, clínicas, los proyectos de salud, educación, etc, nos dio un sentido directo de la lucha: golpear al capital; así, se promueven lazos solidarios y un compromiso que, a su vez, son la base de la confianza y restructuración de las relaciones sociales. Por esto y más, la Escuelita zapatista representa una manera de afrontamiento y resistencia colectiva en la práctica cognitiva, ideológica y emocional contra el terror de Estado.