Participación de las mujeres en el gobierno autónomo. Aprendizajes de la Escuelita zapatista[1]

Mónica Zamudio

 

Las mujeres tienen un papel fundamental en el zapatismo. Participan en las distintas áreas de trabajo y organización, ya sea como parte de las comunidades, de los municipios autónomos, de las Juntas de Buen Gobierno o de la Comandancia.

Desde que inició el movimiento zapatista y a partir de que es emitida la Ley Revolucionaria de las Mujeres, su papel en la comunidad y en las formas autónomas de gobierno comienza a avanzar hasta tomar un lugar esencial en el movimiento rebelde. Esta ley, además de proteger sus derechos, comprometió a las mujeres zapatistas a hacer suyas las demandas del pueblo, cumpliendo y haciendo cumplir las leyes y reglamentos de su lucha.

En el libro de estudio de la Escuelita zapatista llamado Participación de las mujeres en el gobierno autónomo, las mujeres zapatistas nos enseñan cómo son protagonistas de su propio desarrollo, la forma en que aprenden del trabajo, cómo llevan a cabo los cargos asignados, las dificultades que enfrentan, cómo las superan y cómo es que todavía hay muchas cosas que cambiar y hacer. Ellas nos enseñan su forma de rebeldía y de resistencia.

El libro está dividido en cinco partes; cada una explica la experiencia de las mujeres de los cinco caracoles. Los problemas en cada caracol son particulares y la forma en cómo se solucionan también; sin embargo, muchas demandas, experiencias y problemas son comunes a todas las mujeres zapatistas.

Para fines prácticos desarrollaré los temas principales a partir de algunos de los puntos de La Ley Revolucionaria de las Mujeres, que fue creada poco tiempo después del levantamiento armado. Esta ley se conforma de diez puntos que son los siguientes:

 

Primero. Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen.

En este punto podemos recordar a la comandanta Ramona cuando, al llegar a la ciudad de México declaro “Nunca más un México sin Nosotras”. Esta ley dicta que hombres y mujeres son igualmente importantes en la lucha revolucionaria, siempre respetando las particularidades, condiciones y alcances de cada individuo, aunque la rebeldía y la resistencia son posturas que toda la comunidad zapatista comparte. Las demandas de los hombres y las mujeres zapatistas son las mismas, luchan contra el mismo enemigo y por la misma causa.

 

Segundo. Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.

Los trabajos comunitarios en la organización zapatista no son pagados con salarios; sin embargo, esta ley contempla no sólo a mujeres zapatistas sino también a niñas, mujeres y ancianas que no lo son. Por lo tanto, esta ley protege a obreras y trabajadoras que perciben un salario y postula que éste debe ser justo y equitativo.

En el libro existe una reflexión extendida que las mujeres nos comparten acerca de esta ley. Puesto que todos los miembros de la familia trabajan, los ingresos deben distribuirse para el bienestar de sus miembros en su totalidad.

 

Tercero. Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar.

En una previa extensión de esta ley hay un punto donde se postula que el número de hijos será decidido por un acuerdo entre el matrimonio. Éste hace especial énfasis en la decisión de la mujer ya que, en muchos casos, es la encargada del cuidado de los hijos. Esto repercute en los cargos que se le asignan —porque, a menudo, por ejemplo, debe trasladarse grandes distancias para llegar a otras comunidades donde debe trabajar.

Aunque las dificultades al respecto son muchas y los cambios son lentos (puesto que, por poner un caso, hay familias con más de cinco hijos y muchos matrimonios son de parejas muy jóvenes), los cambios son visibles entre las generaciones.

La experiencia que tuve con mi guardiana en ese sentido fue interesante y es un ejemplo del cómo, en este caso, se aplica esta reforma. Todo el tiempo su hijo de tres años estuvo con ella y, a veces, hacer las tareas que le fueron asignadas resultaba dificultoso y cansado. Ella y su esposo ya habían tomado la decisión de que él sería su último hijo porque querían trabajar en la organización de manera más activa.

 

Cuarto. Las mujeres tienen derecho a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.

Muchas mujeres tienen miedo de participar en los cargos porque no saben leer, hablar castilla o escribir. Éste es un tema recurrente en el libro, ya que muchas tienen desconfianza para tomar decisiones importantes —puesto que algunas veces saben poco acerca de algunos temas, como el agrícola, y temen tomar malas decisiones. Sin embargo, es un problema que se atiende mucho: las mujeres reciben apoyo y estímulo de otras compañeras y compañeros, lo que les genera confianza.

 

Quinto. Las mujeres y sus hijos tienen derecho a atención primaria en su salud y alimentación.

La participación de las mujeres en el ámbito de la salud es muy activa. Hay promotoras de salud, hueseras, parteras y hierberas en las comunidades —aunque son cargos que también competen a los hombres.

 

Sexto. Las mujeres tienen derecho a la educación.

Es importante para la organización autónoma que las mujeres tengan educación. La aspiración es que todas las mujeres, niñas y ancianas tengan los conocimientos básicos para desarrollarse en un cargo. Les es muy difícil participar si no saben leer, escribir, hacer operaciones o hablar castilla. Las dificultades para lograr esto son diversas. Por ejemplo, las chicas tienen problemas para tener acceso al nivel secundaria, ya que las escuelas se encuentran en los caracoles, a veces a varias horas de camino, y a los padres les da miedo que viajen lejos a estudiar, por desconfianza o peligro. Otro problema es que, como había mencionado, los matrimonios entre jóvenes son frecuentes y eso también puede interrumpir sus estudios.

Hubo una campaña para promover la educación de mujeres mayores, pero se ha quedado en un proceso rezagado que en algún momento se pretende retomar.

Mi votán[2], por ejemplo, es una mujer activa en el movimiento: empezó a participar a los 15 años y fue de las primeras mujeres que impulsó la cooperativa de mujeres artesanas en el caracol de Oventic. A diferencia de ella, la madre de familia que nos recibió no habla castilla, ni sabe leer o escribir. Su esposo había sido promotor de salud y participaba con frecuencia en cargos. Ella nos compartió, en una charla después de la comida, que le habían asignado una tarea en la comunidad y que sentía miedo; sin embargo, a la vez se animaba al pensar que sus compañeras y compañeros estarían ahí para apoyarla en lo necesario.

 

Séptimo. Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio.

De nuevo, la experiencia con mi guardiana ejemplifica muy bien este punto. Me contó que su mamá fue obligada a casarse a los 14 años, bajo un acuerdo entre familias; su esposo tenía la misma edad y trabajaba cumpliendo las tareas de un adulto. El esposo murió joven y, cuando inició el movimiento, la mamá de mi guardiana decidió casarse de nuevo con una persona que ella eligió. Mi votán ve claramente una diferencia entre las leyes del movimiento y los usos y costumbres de las comunidades.

 

Octavo. Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación o violación serán castigados severamente.

Este punto garantiza la lucha en contra de la violencia hacia las mujeres dentro y fuera de las comunidades. En términos de justicia, existen condenas para todos los casos de maltrato o violación.

 

Noveno. Las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias.

 

Décimo. Las mujeres tendrán todos los derechos y obligaciones que señalan las leyes y reglamentos revolucionarios.

Dos años después de que se dio a conocer La Ley Revolucionaria de las Mujeres, se hace una propuesta de ampliación de 33 puntos, que fue sugerida, no por la Junta de Buen Gobierno, sino por la misma comunidad. Las mujeres zapatistas nos cuentan que hubo la necesidad de especificar y aclarar varios temas importantes.

Esta propuesta abarca aspectos que tienen que ver con la familia, el matrimonio, la comunidad y su condición como mujeres indígenas, con una cultura, un lenguaje, usos y costumbres particulares. Algunos de ellos refuerzan los ya existentes en aspectos como la participación de las mujeres en la organización, el derecho a prepararse para participar activamente, la erradicación y castigo del maltrato físico y abuso.

Por último, me gustaría mencionar un punto que me parece importante e interesante. Éste dicta que las mujeres tienen derecho a tener crédito, a impulsar y a dirigir proyectos productivos. En el caracol de La Realidad ya existe un banco dirigido por mujeres y que impulsa proyectos económicos para mujeres; se llama BANAMAS: Banco Autónomo de Mujeres Autoridades Zapatistas.

La Ley Revolucionaria de las Mujeres condensa las aspiraciones de las mujeres zapatistas. En mi opinión, lo que están haciendo es algo verdaderamente revolucionario, puesto que luchan por profundas transformaciones de su situación. Existe una poderosa voluntad de cambio, a pesar de que se enfrentan en la vida cotidiana a muchos problemas, como el miedo, el machismo, presiones

sociales dentro y fuera de la comunidad o presiones externas que tienen que ver con el hecho de ser zapatistas y estar en resistencia.

Para concluir, me pareció que lo más apropiado sería dar voz a las mujeres zapatistas. Esta cita, creo, condensa de manera poderosa su idea comunitaria y radical de transformación.

“Es como una construcción de humanidad lo que se quiere, es lo que estamos tratando de cambiar, otro mundo es lo que se quiere. Es la lucha de todo lo que estamos haciendo, hombres y mujeres, porque no es una lucha de mujeres ni es una lucha de hombres. Cuando se quiere hablar de una revolución es que van juntos, va para todos entre hombres y mujeres, así se hace una lucha”[3]

 



[1] Conferencia en torno a los aprendizajes de la Escuelita zapatista. 1 de marzo de 2014. México D.F.

 

[2] Sinónimo de guardián, entre los zapatistas [N. del E.]

[3] Yolanda. Caracol Oventik. Fragmento extraído del libro Participación de las mujeres en el gobierno autónomo. Cuaderno de texto de primer grado del curso La libertad según l@s zapatistas.