Los Nasas: sujetos de dignidad

Por eso vamos a seguir recuperando las tierras.

Por eso vamos a dejarla en libertad para

convivir en ella y para defender la vida.

Por eso, luchar por la tierra no es un problema

ni un deber solamente de los indígenas,

sino un mandato ancestral de todos los pueblos,

de todos los hombres y mujeres que defienden la vida.

COMUNIDADES INDIGENAS DEL CAUCA

COMISION DE REFORMA AGRARIA

 

En el continente y en el mundo los pueblos originarios son portadores de llaves para la salida a la crisis humanitaria y ambiental en que el capitalismo ha sumido al planeta; la autonomía, la soberanía alimentaria, el respeto por el otro y por la naturaleza, la construcción de una cultura y una economía propias, basadas en la cooperación, la solidaridad y la propiedad comunitaria de la tierra, principal medio de producción, son principios y valores a rescatar y defender por los pueblos que deseen desligarse del capitalismo y construir una sociedad más libre, justa y solidaria.

 

La lucha del movimiento indígena por el territorio, por lo ancestral, por lo propio, por la identidad, por la autodeterminación de los pueblos, por el respeto y el cuidado de la naturaleza, hace parte de las luchas populares en la nación y en el continente. El accionar no se ha quedado en lo local ni en lo particular de sus reivindicaciones, busca también  una sociedad más humana, que confronte y reemplace al capitalismo; independiente del nombre que se le quiera dar (socialismo, comunismo, democracia popular, bien vivir). Sociedad que es necesario construir entre los pueblos y sectores populares del campo y la ciudad. Respecto a ese futuro, en 1928 José Carlos Mariátegui nos decía: “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano”.

 

En Colombia el movimiento indígena del Cauca en los últimos 10 años es el que presenta mayor actividad en la movilización, con participación de decenas de miles de nativos que marchan o se concentran en lugares estratégicos, que obligan a los gobiernos a prestar atención a sus reclamos por el incumplimiento de acuerdos que tienen que ver con la restitución de tierras y territorios, con la impunidad y la reparación, con el respeto a su autonomía y a su organización social, con participación de organizaciones indígenas diferentes e independientes de sus Autoridades; que continúan la liberación de la madre tierra, alcanzando recuperaciones que el gobierno de Uribe Vélez reprimió violentamente durante ocho años y que continúa el actual, dejando nuevos muertos y heridos; el movimiento efectuó denuncias de las violaciones de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario ejecutados por la fuerza pública y la impunidad de los crímenes de lesa humanidad, difundidas en las marchas a Cali y Bogotá y por las redes de información.

 

El “caminar la palabra”  masivamente por carreteras, calles, plazas y universidades del país incitando al debate, a la denuncia y a la movilización por los grandes problemas nacionales, los identifica como parte de un sujeto que necesita de la unidad de los sectores populares, sobre todo en las ciudades, para concretar un proyecto de nueva sociedad y de país. Junto a ellos han marchado los campesinos, los sin tierra, los corteros de la caña de azúcar en 2005 y 2008, los pequeños mineros artesanales, los ecologistas, los estudiantes, los trabajadores, hombres y mujeres del pueblo que buscan una alternativa a la ignominia de los dominadores; personas que quieren la dignidad, la autonomía y la justicia.

 

CONTEXTO EONÓMICO Y POLITICO

 

El pueblo Nasa o Paez que habita la zona norte del departamento del Cauca, está integrado por más de 120.000 personas sobre un territorio de cerca de 193.000 hectáreas sobre las laderas de las cordilleras central y occidental, territorio poco productivo, del cual utilizan solo una parte para la vivienda y la producción alimentaria, respetando los bosques, las fuentes hídricas y los lugares sagrados.

 

Es importante mirar el contexto de la lucha de estos pueblos indígenas, partiendo de lo que viene sucediendo en el sur-occidente del país, concretamente en el Cauca, específicamente en el norte de este departamento en los últimos 22 años. Igualmente los significados históricos de la fundación del Consejo Regional Indígena del Cauca y la caracterización que hace de Colombia la Constitución Política de 1991, de una República Pluriétnica y Multicultural; instrumento legal que las comunidades utilizan para reclamar derechos ancestrales; opción que también adquiere relevancia en las comunidades negras y el proletariado agroindustrial, las cuales conviven con los indígenas del Cauca compartiendo territorios y la lucha por la tierra y por la vida. Juntos, enfrentan y conminan al estado al cumplimiento de un sin número de acuerdos y leyes de protección (muchas promulgadas desde la colonia) y al reconocimiento de su autonomía.

 

Es cierto que la Constitución Política de 1991producto de acuerdos de paz con grupos insurgentes, reconoce a las minorías nacionales, pero esta de por sí, no garantiza el respeto a los derechos de los indígenas y comunidades negras, a sus tradiciones ni a su autonomía, pues aún después de promulgada, se incrementó la represión estatal, el genocidio y el despojo de los pueblos; precisamente en el año en que es proclamada la nueva Constitución, narcotraficantes y militares ejecutan la masacre al pueblo Nasa en la finca El Nilo. Con el paso del tiempo se ha acrecentado la guerra en el campo aumentándose con ella la expropiación a indígenas y campesinos.

 

La masacre de El Nilo en el municipio de Caloto en diciembre de 1991, marca un precedente en la lucha por la recuperación de la tierra y el territorio de las comunidades Nasa del norte del Cauca; es la cuota de sangre más alta para el cabildo de Huellas y demás familias de otros cabildos que buscaban un pedazo de tierra para vivir sin tener que depender de un patrón y poder desarrollarse como comunidad. Fueron decenas de familias agredidas y veinte héroes asesinados, que se atrevieron a hacer realidad las 1100 hectáreas que el estado oligárquico había prometido entregar luego de acuerdos reiterativamente aplazados a lo largo de 15 años.

 

Este crimen logró momentáneamente parar la minga liberadora de la madre tierra, pero no impidió que las comunidades indígenas continuaran organizándose y movilizándose por el respeto a su autonomía y a su territorio. Durante 14 años los Nasa se ocuparon en recuperar su historia, su memoria, su cultura, en mejorar su economía, su capacidad política y en lo posible su situación social, como lo venían haciendo desde antes, reclamando al Estado oportunidades para su autodesarrollo con derechos esenciales como educación, salud, seguridad social, asistencia a los infantes, asesoría técnica y aplicación de un verdadero plan de desarrollo diseñado y administrado por la propia comunidad. A 21 años de la masacre, el genocidio continúa, mientras la población Nasa sigue creciendo, al igual que sus necesidades, así como la exclusión y la indiferencia del Estado y de la sociedad señorial del Cauca.

 

El Cauca ha sido desde la colonia territorio de conflictos sociales y militares, allí se dieron rebeliones indígenas y de esclavos en los siglos XVII, XVIII y XIX; ha sido territorio estratégico en la lucha por la independencia de España, escenario de guerras entre Centralistas y Federalistas y en decenas de guerras civiles; en los últimos 50 años las organizaciones insurgentes -de todas las tendencias- y las fuerzas del Estado (legales e ilegales) han mantenido el suroccidente del país como teatro de operaciones militares; los narcotraficantes juegan un papel importante en la ampliación de la frontera agrícola y en la violencia que azota a este territorio y al país con la producción y transformación de la hoja de coca en cocaína, en la producción de amapola, pero sobre todo, en el mantenimiento de una economía y una sociedad semifeudal en el Cauca.

 

El problema de violencia y despojo realmente no tiene que ver únicamente con leyes ni acuerdos, ni con la voluntad política de los gobernantes; es en la formación económica y social de la nación colombiana donde se encuentran las causas de la injusticia y la violencia; en la sociedad señorial del Cauca  opera una oligarquía aristócrata –heredera de la encomienda y la mita- que conserva la estructura colonial de la propiedad con base en la concentración de la tierra y en la servidumbre de las comunidades indígenas y negras en la producción de monocultivos como la caña de azúcar, la palma aceitera, la ganadería y la minería. No ha sido fácil. Los indígenas de más edad recuerdan los asesinatos que se han dado desde los años 40, con matanzas repetidas que duraron casi hasta años 60 del siglo pasado. En ese entonces, “llegaba la pajaramenta (paramilitares al servicio de los terratenientes) le metía candela a las casas y desplazaba a la gente”; de esta forma indígenas entrevistados entre junio y julio de 2012, relatan los sucesos del período de la Violencia que se recrudeció en Colombia el 9 de abril de 1948 con la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, quien venía denunciando valerosamente las atrocidades de la oligarquía en las masacres de comienzos del siglo XX.

 

El departamento del Cauca está ubicado al sur occidente del país entre las cordilleras Central y Occidental y el océano Pacífico; territorio con topografía de valles -donde se encuentran las tierras más fértiles- y altas montañas que contienen selvas, páramos, volcanes y nevados. Desde la conquista española, los terratenientes han desplazado violentamente a las comunidades indígenas hacia las montañas y áreas estériles, quedándose ellos con las más productivas tierras de los valles.   

 

“La economía del Cauca está basada principalmente en la producción agrícola y ganadera, la explotación forestal, la actividad pesquera y el comercio. La agricultura se ha desarrollado y tecnificado en el norte del departamento; sus principales cultivos son la caña, caña panelera, maíz tradicional, arroz, maíz tecnificado, plátano, fique, yuca, papa, coco, sorgo, cacao, maní y palma africana. En la región del Pacífico se extrae oro, plata y platino. Otros minerales no preciosos que se explotan son azufre, asbesto, caliza, talco, yeso y carbón. La industria fabril se ubica en Popayán, Santander de Quilichao, Puerto Tejada con fábricas de productos alimenticios, bebidas, lácteos, papel, empaques, transformación de la madera, industria azucarera y elaboración de impresos para la exportación. Los centros de mayor actividad comercial son Popayán, Santander de Quilichao, Patía (El Bordo), Puerto Tejada, Piendamó y Corinto.” (Gobernación del Cauca)

 

La voracidad financiera, la megaminería expoliadora de recursos naturales y energéticos por parte del capital transnacional, ha implicado el desplazamiento y el genocidio de quienes ocupan los territorios escogidos para estas actividades y para los megaproyectos en infraestructura que son necesarios para la exploración, la operación, la extracción y el transporte de esos recursos hacia las metrópolis. También y como parte de la estructura económica y social, el latifundio, el gamonalismo y el narcotráfico son actores que participan históricamente del despojo a campesinos y a comunidades indígenas y negras en el Cauca y en Colombia.

 

Ahora con la política neoliberal también quieren las transnacionales de la gran minería apropiarse de los parques naturales y las montañas donde se encuentran gran cantidad de minerales de uso industrial; lugares sagrados indígenas y las fuentes de la valiosa agua natural que quieren privatizar y exportar, pues allí nacen los cinco ríos más importantes del país, que conforman la llamada “estrella hidrográfica”. El Cauca es un territorio de inmensas riquezas naturales y culturales, un lugar estratégico económico y militar. Más del 60% de sus habitantes son indígenas y negros; cerca del 80% de su población vive en la pobreza; faltan la vivienda digna, el empleo, la salud, la educación, las vías de comunicación y los servicios públicos, sobre todo en la Costa Pacífica, donde habitan campesinos, comunidades negras e indígenas. La principal área de producción agroindustrial y comercial está ubicada al norte del departamento del Cauca

 

 

ORGANIZACION

 

A pesar de la consolidación de la sociedad capitalista, los pueblos indígenas tienen unas estructuras políticas y sociales propias -algunas ancestrales- otras impuestas por los españoles, como el resguardo de carácter territorial y el cabildo como organización política, empleadas para explotar su fuerza de trabajo y despojarlos de sus riquezas materiales y culturales, entre ellas la tierra. Después de la colonia los indígenas Nasa invierten los conceptos y usos de esas estructuras, convirtiéndolas en instituciones propias, que les han permitido iniciar un proceso de unidad para recuperar sus territorios, culturas y su autonomía política y económica; también han desarrollado conceptos y métodos diferentes de hacer política que se alejan de los métodos occidentales, arraigados en las organizaciones de izquierda y revolucionarias, pero sobre todo predominantes en los políticos, intelectuales y dirigentes de la oligarquía colombiana; pues sus organizaciones no son equivalentes a partidos políticos de grupos o de sectores de clase; sus instituciones son instrumentos de gobierno comunitario, como la guardia indígena y un sistema de justicia propio, que contribuyen al logro de los objetivos de sus comunidades.

 

Como pueblos, las comunidades indígenas no solo han conservado organizaciones impuestas en la colonia, sino, que en el proceso de la lucha por la tierra, han construido formas de resistencia como el movimiento guerrillero Quintín Lame, el cual actuó en los 80 del siglo pasado, que luego depuso las armas y se desintegró junto a otras organizaciones insurgentes (EPL, M-19, PRT y un sector del ELN), como resultado del “Proceso de Paz” iniciado con el gobierno de Belisario Betancourt. Estas últimas organizaciones y las FARC tuvieron alguna incidencia en sectores campesinos e indígenas del Cauca, aunque, en general, estos últimos han conservado independencia política e ideológica. A pesar de el dominio religioso de la iglesia católica continúa, últimamente proliferan también otros credos que promueven la docilidad y el conformismo, tratando así de frenar la lucha por la tierra y la autonomía, papel que igualmente cumplen los partidos y grupos políticos de la oligarquía.

 

Son varias las organizaciones creadas a lo largo de años de lucha, como el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC - 1971), el movimiento Quintín Lame, el Movimiento de Integración Comunitaria MIC, las Ligas Agrarias constituidas en Corinto, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC 1985), los Defensores del Territorio. Es de destacar la Minga de Resistencia Social y comunitaria, integrada a partir de 2004, inicialmente por organizaciones indígenas, campesinas y populares del Cauca que promovió la marcha a Cali denominada “Minga por la Vida, la Justicia, la Alegría, la Autonomía y la Libertad de los Pueblos”, con una propuesta para construir mecanismos y estrategias de resistencia y soberanía, movilización a la que  se sumaron, comunidades negras, estudiantes y sectores populares de la ciudad y en la que participaron cerca de ochenta mil personas; surge como resultado  de estas acciones, “el Mandato Indígena y Popular” del 18 de septiembre de 2004, propuesta que condujo a la creación del Congreso de los Pueblos, organización nacional que agrupa a más de 200 organizaciones políticas y sociales de todos los sectores populares  del campo y la ciudad, marco de discusión y de unidad popular en el que se han celebrado encuentros temáticos sobre las problemáticas de los pobres y del país, tratando de legislar en forma de mandatos, buscando una dualidad de poderes que conduzca a una hegemonía popular.

 

Simultáneamente se construye a nivel nacional el movimiento amplio Marcha Patriótica, que busca la unidad popular contra la oligarquía y el actual modelo económico, junto al Congreso de los Pueblos y al Polo Democrático Alternativo, en los que también participan comunidades indígenas; todos coinciden con el movimiento indígena en la necesidad de una solución política negociada al conflicto social y armado que por más de 60 años soporta el pueblo colombiano

 

El 30 de abril y el 1 y 2  de mayo de 2010 se congregaron cerca de 1000 indígenas, de diferentes regiones del Cauca, incluso de otros territorios indígenas del país, además campesinos, estudiantes y líderes de otros sectores sociales, para la realización del  primer Congreso del Movimiento de los Sin Tierra Nietos de Manuel Quintín Lame en Santander de Quilichao (norte del Cauca), movimiento que incluye  a indígenas, campesinos y jornaleros sin tierra, con el objetivo de generar un espacio de reflexión alrededor de temas sociales, políticos y económicos. A este primer congreso asistieron representantes de 67 organizaciones en total, al igual que fundadores del CRIC, evento con el que se cuestiona a la dirigencia indígena comprometida con el modelo estatal.

 

Sin embargo con el transcurrir de la lucha, muchos indígenas se cuestionan el papel de sus organizaciones y los objetivos reales de sus autoridades, pues en muchos casos las directivas (CRIC y ACIN) se han convertido en instrumentos de conciliación y en apéndices del poder oligárquico; por lo que algunos sectores indígenas del norte del Cauca desobedecen a sus autoridades, buscando cambiar las prácticas entreguistas que promueven la corrupción y la división de las comunidades. Algunos dirigentes han reproducido el sistema de valores burgueses en sus comunidades, haciendo ostentación de su poder con cosas como autos, casas y lujos, con una actitud insolidaria y despectiva hacia los comuneros que viven en la pobreza, incluso de colaboración con los organismos represivos del estado denunciando a los comuneros que critican sus actuaciones y a quienes se niegan a obedecer sus órdenes o a apoyarlos.

 

MOVILIZACIÓN Y ACTIVIDAD POLÍTICA

 

La lucha por la liberación de la madre tierra no es solo indígena, siempre los sectores populares del campo han luchado por la tierra y el territorio,  en los 60 y 70 del siglo pasado campesinos e indígenas, ante el incumplimiento de la “Reforma Agraria” propuesta por el Estado, lograron la recuperación de gran cantidad de tierras en todo el país con las consigna de “la tierra para el que la trabaja”. En este proceso se han forjado alianzas entre indígenas, campesinos y comunidades negras; en lo que va de este siglo, los indígenas del Cauca, en medio del conflicto armado que en general representa la eliminación del campesinado y el despojo de sus tierras por más de 60 años, han vuelto a reclamar y a recuperar, en la medida de sus posibilidades la liberación de la madre tierra; sin embargo esta lucha ha tenido su precio en la pérdida de muchos miembros de la comunidad Nasa en los últimos 21 años

 

En 2005 indígenas del norte del Cauca reiniciaron la liberación de la madre tierra con la acción directa de la comunidad, luego de serias discusiones entre sectores de base y autoridades sobre la necesidad de ampliar su territorio y el espacio productivo para los jóvenes y futuras generaciones, ante el incumplimiento del estado en los compromisos firmados desde antes de la masacres del Nilo. Pues ni los directivos de la ACIN ni la del CRIC estuvieron de acuerdo con estas acciones, viéndose avocados a intervenir cuando ya eran un hecho las recuperaciones en las haciendas Japio y La Emperatriz, entrando a conciliar y a obligar a los comuneros a desalojar los terrenos. Esta es otra derrota del movimiento indígena fraguada desde adentro que desmoviliza y divide a la comunidad

 

Desde los 90 las movilizaciones de comunidades y Autoridades Indígenas buscaban diálogos directos con los administradores del Estado, logrando en 2008 -mediante la presión ejercida por las comunidades indígenas y apoyada nacional e internacionalmente, por los pueblos- sentar a la mesa al entonces presidente Uribe y su equipo de gobierno, en La María (territorio indígena) para discutir nuevamente los acuerdos incumplidos. Posteriormente en Cali acordaron reunirse con el presidente Uribe, pero los indígenas se retiraron luego de esperarlo tres horas; para restablecer el diálogo, el mandatario tuvo que subirse a un puente peatonal donde fue abucheado por la población y le fue negada la palabra. Los indígenas llegaron a Cali el sábado, luego de una marcha de 4 días desde sus territorios. Amenazaron que si la situación no se resolvía en la capital del Valle, podrían marchar a Bogotá. Mientras esto sucedía, algunas casas de sus resguardos fueron incendiadas, en la que se dice participaron integrantes de la fuerza pública.

 

El 19 de julio de 1992, como preludio de las celebraciones de los 200 años del  “Grito de Independencia “, se reunieron en Bogotá representantes de las diversas regiones y comunidades de país para dar inicio a la realización de un “Congreso de los pueblos”, ente paralelo al oficial y con la intención de legislar. Igualmente el 20 de Julio, de los cuatro puntos cardinales del país llegaron a la capital más de 6 mil manifestantes para dar cumplimiento a la “Marcha por la Independencia”, siendo esta la primera vez que la izquierda decide conmemorar las fechas patrias por fuera de las actividades oficialistas. Marchas similares se cumplieron en las principales ciudades del país

 

Además de grandes movilizaciones, los indígenas del norte del Cauca realizaron un ejercicio de democracia popular: la consulta sobre el TLC con los Estados Unidos, convocada por los cabildos indígenas el 6 de marzo de 2008, en los municipios de Jambaló. Toribío, Silvia, Caldono, Inzá y Páez. De 68448 potenciales votantes, participaron 51330 personas. En el cual el 98% rechazó el TLC; tan solo 691 votos le fueron favorables. A pesar de ser esta acción una muestra del sentir popular, el gobierno nacional siguió adelante con la firma del lesivo tratado. Fue un evento ejemplo de democracia ampliamente difundido mediante asambleas previas. Fue una forma de rechazar las políticas entreguistas de los gobiernos. Desgraciadamente, no tuvo igual respuesta del resto del pueblo colombiano, pero fue un indicador de la autonomía creciente en las comunidades del Norte del Cauca.

 

El 12 de octubre de 2008, los indígenas se tomaron la vía panamericana en Piendamó con el fin de reiterar sus peticiones y protestar contra la violencia como única respuesta a sus demandas y al incumplimiento de los acuerdos del 2004 entre la Minga y el gobierno nacional y la denuncia de la muerte de Edwin Legarda en un retén de las fuerzas militares. Durante conversatorios en conmemoración del 12 de octubre, se concretó la Liberación de la Madre Tierra, proceso que involucró consultas a la directivas de la ACIN en la zona del nororiente de Caldono, que debatía entre salir y hacer  concentraciones y hacer sensibilizaciones, en ella se evaluaban los resultados de las dos marchas de Santander y a Cali; como no se encontraban suficientes respuestas a esas acciones, los comuneros decidieron comenzar las tomas de las fincas Japio y La Emperatriz, en Caloto.

 

Los pueblos indígenas de todo el país se han movilizado por las mismas razones que lo hacen los Nasa; en noviembre del 2008, más de diez mil indígenas se concentraron en Bogotá, como culminación de una marcha de los zenúes, los kamkuanos, los wiwas y los wayúes que marcharon desde Riohacha, en la costa norte; el pueblo barí que recorrió la carretera ent