El marxismo estatista de García Linera[1]

(Una extracto desde Utopía y dialéctica en la liberación latinoamericana de Eugene Gogol)

Como hemos visto en el capítulo sobre Bolivia, poderosos movimientos sociales en la primera década del siglo XXI han transformado partes de la sociedad boliviana. La movilización social, iniciada con la Guerra del Agua y la Guerra del Gas, la protesta indígena en el campo, hasta la rebelión en la ciudad indígena de El Alto, logró derrocar al gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada y luego de su vicepresidente Carlos Mesa. La elección de Evo Morales, apoyado por una abrumadora mayoría de la población indígena, abrió la puerta a la posibilidad de un desarrollo alternativo. Sin embargo, como también hemos visto, ello ha dado lugar a una estrategia desarrollista, con muchas características del capitalismo de Estado. Aquí queremos examinar los fundamentos ideológicos que han reducido el concepto de socialismo a la intervención y el control estatal. Para ello, vamos a tomar algunas de las ideas y acciones de Álvaro García Linera, el intelectual más estrechamente asociado con los fundamentos ideológicos del Estado boliviano, posterior a la elección de Morales.

García Linera fue un observador importante del proceso de transformación social de Bolivia en el primer lustro de este siglo. Al escribir sobre los movimientos sociales (Sociología de los movimientos sociales en Bolivia, 2004) reconoció que en El Alto “redes organizativas, de solidaridades e iniciativas se desplegaron de manera autónoma por encima y, en algunos casos, al margen de la propia autoridad de la junta vecinal”.

En cuanto a los trabajadores rurales en el campo, García Linera vio la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, CSUTCH, como un movimiento social que “pone en movimiento no solo una parte de la sociedad, sino una sociedad distinta, esto es, un conjunto de relaciones sociales, de formas de trabajo no capitalistas y de modos de organización, significación, representación y autoridad políticas diferentes a la de la sociedad dominante.”[2]

Además del reconocimiento de que la transformación social que permitiera la elección de Evo Morales era autónoma y se encontraba al margen, no sólo de los partidos políticos, sino incluso de muchas de las organizaciones y juntas vecinales establecidas, García Linera argumenta que la construcción de una nueva sociedad en Bolivia no proviene solamente de fundamentos de la descentralización, y la creatividad desde abajo, sino por medio del Estado: “Toda lucha pasa por el Estado; incluso la lucha contra el Estado pasa por el Estado.”[3]

Esto no es solamente el pensamiento de un sociólogo marxista radical. Esta construcción ideológica se ha convertido en la práctica real del poder del Estado en Bolivia. Si García Linera podía reconocer el poder de los movimientos sociales desde abajo en el derrocamiento del gobierno neoliberal en Bolivia entre 2000 y 2005, ¿por qué no busca basar a la  Bolivia post- 2005, en esta misma creatividad para construir una nueva sociedad? Él presenta sus razones teórico-prácticas:

No es realista pensar que en un país donde sólo el 10 por ciento de la clase obrera tiene conciencia clara de sí mismo como clase, podemos construir el socialismo, porque el socialismo no se puede construir sin el proletariado. Tomará décadas de trabajo duro para construir la conciencia de clase necesaria para esta transición. Por lo tanto, debemos construir un Estado fuerte que asuma un papel de liderazgo en la economía y movilice sus recursos para fortalecer las organizaciones comunitarias y las formas comunitarias de producción.[4]  

 

En otra entrevista expresó la consecuencia práctica de su concepto estatista de manera sucinta: “Queremos un capitalismo con mayor presencia del Estado”.[5] Esta es la ideología de un marxismo estatista del cual ya hemos tenido una amarga historia durante gran parte del siglo XX.[6] Seguramente la ilusión de que el capitalismo de Estado es una transición al socialismo, en lugar de la lógica final del capitalismo, debería ser destruida por ahora. Sin embargo, ¿cómo hemos llegado una vez más a un concepto tan estatista del marxismo?

Yo diría que hay dos distorsiones interrelacionadas en el concepto del marxismo de García Linera, aunque de ninguna manera es el único marxista que mantiene esta posición. En primer lugar, tal vez debido a las dificultades del subdesarrollo tecnológico en Bolivia, como en gran parte del mundo, él parece mantener un concepto desarrollista, económico-determinista, sobre la vía hacia el socialismo o el comunismo auténtico. En segundo lugar, él proyecta una visión que bordea muy de cerca “el atraso de las masas”, en los términos de quién es la fuente creadora, el “principio organizativo” del motor para la construcción de una nueva sociedad: las masas en movimiento o el Estado “progresista”, el partido político, el “liderazgo”.

Con respecto al primer punto, García Linera analiza a la sociedad boliviana como una sociedad compuesta por cuatro civilizaciones: una economía moderna industrial, doméstica (informal), la comunal y la Amazónica. Se quiera o no se quiera aceptar este punto de vista, la clave para García Linera es que un Estado multicultural será el conducto principal para la construcción del futuro. Tal y como Raúl Zibechi había apuntado,[7] García Linera propuso en su libro El Estado Multinacional la fundación y el desarrollo de un Estado multicultural que de “paso a un Estado multicultural, que incluya a los sectores marginados hasta hoy, a los indígenas, respetando sus formas de organización comunitaria”. Para acabar con la discriminación étnica que ha sido el sello distintivo de la sociedad boliviana por siglos, García Linera abogó por incluir en la administración pública, el lenguaje y las prácticas culturales, incluidas las posiciones ministeriales ocupadas por indígenas. Mientras se acaba con la discriminación étnica es una necesidad inmediata y crucial, lo que García Linera ha propuesto: un Estado multinacional y multicultural, en combinación con el “capitalismo Andino-Amazónico”, con “un capitalismo con mayor presencia del Estado”, lo cual parece ser problemático.

Para el vicepresidente boliviano, la única vía para la transición a una sociedad sin explotación se encuentra en el capitalismo, con una gran presencia estatal. Él parece ver las formas económicas no capitalistas existentes en Bolivia como obstáculos, en lugar de vías para acceder a esa transición. Pero, como sucintamente señala Zibechi, Marx en su intercambio con Vera Zazulich, vio la posibilidad de que las formas económicas no-capitalistas entre los campesinos de Rusia, el mir o la obshina, junto con la revolución, fueran un hilo esencial para que Rusia evitara todas las vicisitudes del desarrollo capitalista.

Sin dudas, nuestro intelectual marxista boliviano señala que el capitalismo se ha desarrollado de una manera mucho más completa, sus tentáculos lo han alcanzado todo, durante más de un siglo, desde que Marx analizó este aspecto en Rusia. Pero García Linera de este modo pierde lo esencial: el enfoque de Marx en las fuerzas humanas como las únicas que pueden superar, transformar, las relaciones económicas explotadoras opresoras. Esta falta está en el corazón de la segunda distorsión de García Linera de su concepto del marxismo para la actualidad: el papel subordinado del movimiento social desde abajo hacia el estado progresista.

A pesar de la rica experiencia boliviana de los movimientos desde abajo, no son los movimientos de masas, en términos de Zibechi “la sociedad en movimiento”, la que se convierte en organizadora, la fundadora de lo nuevo. Más bien, para García Linera, “tomará décadas de trabajo duro para construir la conciencia de clase necesaria para esta transición”. Será el Estado multicultural, en su opinión, el conducto para la construcción del futuro.

No es que García Linera desestime el movimiento desde abajo. Como hemos visto, él reconoció su importancia entre 2000 y 2005. Sin embargo, su manera de dar solución al subdesarrollo colonialista-capitalista de medio milenio impuesto a Bolivia no se apoya en el movimiento desde abajo, sino en el Estado que actúa en interés del movimiento desde abajo. Es el nuevo aparato del Estado multinacional el que puede articular las “cuatro civilizaciones”. Pero ¿no tenemos ya un siglo lleno de experiencias de “lo que sucede después de la revolución” –con el Estado y no con las masas en movimiento como lo determinante–, lo cual no lleva a una transición a una sociedad humana, sino a la consolidación de una nueva opresión, una nueva forma de capitalismo?

Esto no constituye una cuestión teórica en Bolivia, pero si es el aquí y el ahora de la práctica. Podemos ver esto, y las líneas de falla del marxismo de García Linera en su libro  Geopolítica de la Amazonía. El poder hacendado-patrimonial y la acumulación capitalista en términos de la lucha que tiene lugar dentro del territorio indígena parque nacional Isiboro-Securé (TIPNIS) después de haber tomado el poder el gobierno de Morales-García Linera.

Con Geopolítica de la Amazonía. El poder hacendado-patrimonial y la acumulación capitalista, el sociólogo, historiador y economista marxista García Linera, ha decidido evidentemente dar a todos una lección de historia-economía-marxismo, en el contexto de Bolivia, con un poco de Lenin, colocado sobre esta para darle sabor. Sin ser un experto en el número exacto de kilómetros de carreteras o caminos pavimentados o por pavimentar que ya se han construido y utilizado en la región del TIPNIS, voy a tener que aceptar las cifras del vicepresidente boliviano, que se presentan en su libro, aunque otras pueden ser corregidas. Tampoco estoy interesado en rebatir su historia del extractivismo y el desarrollo en la región amazónica de Bolivia. No obstante, uno no necesita aceptar su extraño concepto de que el extractivismo es el mismo en todas las sociedades, desde la pre-capitalista, la capitalista a la llamada post-capitalista.

En primer lugar, estoy seguro de que estaría de acuerdo con que la tecnología de hoy y la extracción están en un nivel nunca antes visto, sobrepasando a la época colonial, así como el capitalismo en el siglo XX. En segundo lugar, y más importante aún, mientras que un cierto nivel de extracción y explotación de los recursos naturales es necesario, sin dudas, ¿cómo puede García Linera actuar como si no hubiese una manera diferente de extracción, que sea un intercambio de la naturaleza y la humanidad, cuando, y no sea un intercambio de valores, sino que el uso valor sea lo que determina?

El intercambio metabólico de la naturaleza y de la humanidad, incluyendo el propio modo de trabajo, está necesitado de una erradicación radical, no solo en Bolivia sino a nivel mundial, y quizás con mayor radicalidad en el mundo “desarrollado”. Puede haber otra forma de desarrollo, incluso en la transición hacia una sociedad sin clases, si se trabaja a partir de una premisa diferente al “desarrollismo”. Y no es hacer caso omiso de las realidades materiales; más bien tenemos que poner las realidades materiales en el contexto de una visión emancipatoria. Esto no lo hace García Linera. De hecho, lo más claro en su libro son los dos puntos que muestran su metodología y su mentalidad:

1.       García Linera ha presentado un ensayo para el desarrollismo en Bolivia; no privado, sino de un desarrollismo patrocinado por el Estado. Un Estado que ahora se supone representa los mejores intereses de la nación boliviana, en particular de su mayoría indígena. Número tras número, estadística tras estadística en el discurso García Linera muestra esta vía hacia el desarrollismo: uno de tipo capitalista de Estado. Nuestro maestro de este llamado marxismo nos asegura que no hay otra opción. El comunismo es una ilusión a menos que sea un sistema mundial, así que hay que olvidarse de él. Mientras tanto hay un desarrollismo bajo el control del Estado “para” el beneficio de las masas bolivianas. Esto me recuerda el comentario de Marx de que la lógica del capitalismo es la producción por la producción misma, acumulación y más acumulación. Como mencionamos anteriormente, tal vez el vicepresidente podría querer volver a mirar los escritos de Marx sobre Rusia, sus apuntes para la carta a Vera Zazulish, donde él escribió sobre maneras distintas del desarrollo, posibles en la Rusia tecnológicamente subdesarrollada: el colectivo campesino conocido como el mir o la obschina, como una vía para generar una forma no capitalista de desarrollo.

¿Es que García Linera quizás no cree en que una forma de pensar así podría tener alguna importancia para Bolivia, no como su “capitalismo Andino-Amazónico”, sino como una vía realmente diferente? La cuestión en Marx era la búsqueda de alternativas al capitalismo a través de otras formas socio-económicos desde abajo. ¿Es que Bolivia lo puede hacer sola? Por supuesto que no. Pero si Bolivia y otros no se atreven a intentarlo, entonces, ¿cómo podemos tener nuevos puntos de partida para seguir adelante, para destruir de raíz el capitalismo y su dominio? Si Bolivia se atreve, ¿no la seguirían otros también? Nadie puede responder con certeza. Pero si Bolivia y otros no se atreven, entonces, ¿qué nos queda? Para el vicepresidente de Bolivia queda claro: el “desarrollo” del estado capitalista.

¿No hemos tenido ya suficiente de ello en el siglo XX con los asesinos planes estatales de 5 años de Rusia en los tiempos de Stalin? ¿A dónde ello nos condujo? ¿O el plan impuesto sobre la China de Mao (que nuestro intelectual boliviano evidentemente admiraba): el desastroso Gran Salto Adelante e igualmente la destructiva Gran Revolución Cultural Proletaria? ¿Es que no hemos tenido suficiente con este tipo de experimentos en desarrollismo; este tipo de “ponerse al día” con Occidente? ¿Es esa la lección que Bolivia necesita hoy en día?

2.       El segundo punto que se desprende del discurso de García Linera es lo que falta: no hay discusión en su libro sobre la vida y el trabajo, los deseos y las aspiraciones, las actividades de la población indígena amazónica en Bolivia. Cuando se mencionan en general, es una mera cuenta cualitativa de su presencia. No hay una visión humana de la región amazónica. Marx escribió sobre lo que sería necesario para una alternativa al desarrollo capitalista: “Un naturalismo profundamente humanista”.[8] Si el desarrollo que se necesita no se crea como un humanismo para el aquí y ahora de Bolivia, de América Latina, de hecho, a nivel mundial, si no se construye de tal manera, entonces, ¿de qué vale? El marxismo estatista no se basa en el marxismo de Marx. Se trata de una forma del Estado del capitalismo, y no de la construcción de una nueva sociedad humana. El socialismo estatista está dentro de la lógica del capital, de la producción por la producción misma, un desarrollismo salvaje. No importa lo que está en el alma de aquellos intelectuales que proponen este estatismo, estas ideas tienen consecuencias peligrosas reales para las masas bolivianas.

 



[1] Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, fue uno de los miembros fundadores de la organización guerrillera indígena marxista EGTK (Ejército Guerrillero Tupac Katari). Estuvo cinco años en prisión al ser capturado a inicios de los años noventa. Después de ser liberado, ingresó al Departamento de Sociología de la Universidad Mayor San Simón (UMSS) en La Paz. Fue miembro del Colectivo radical boliviano La Comuna y escribió algunos libros donde analiza la composición social de Bolivia. Se convirtió en compañero de lucha de Evo Morales en 2005 y seguidamente en Vicepresidente de Bolivia.

[2] Álvaro García Línea, Sociología de los movimientos sociales en Bolivia (La Paz: Oxfam-Diaconía, 2004)  Citado en Dispersar el poder.

[3] Intervención en el seminario “Pensamiento y movimientos sociales”, Niteroi, Brasil, 25 de octubre de 2005.

[4] Entrevista realizada a García Linera, el 17 de agosto de 2009, publicada en The Nation (Estados Unidos)

[5] Entrevista con Pablo Stefanoni, publicada en Clarín, el 18 de mayo de 2007.

[6] Véase, entre otras obras Dunayevskaya, sus escritos sobre Rusia y China como sociedades capitalistas de Estado, en su Marxismo y libertad.

[7] Raúl Zibechi en su libro Dispersar el poder, en la sección “¿Hacia un Estado multicultural?”, realiza un importante análisis o crítica del concepto de “estado multicultural” de García Linera que he utilizado en mi análisis.

[8] Cfr. Manuscritos económico-filosóficos de 1844.