LA HUELGA EN EL POLITÉCNICO: LA LUCHA DE LA JUVENTUD POR UNA SOCIEDAD COMPLETAMENTE NUEVA

 

Héctor M. Sánchez

 

Los estudiantes como sujetos de cambio

A mediados de septiembre del presente año, las “autoridades” del Instituto Politécnico Nacional (IPN) dieron a conocer (entre estudiantes, profesores y otros trabajadores de la institución) las modificaciones realizadas, tanto al Reglamento Interno del Instituto como a los planes de estudio del mismo. Tales modificaciones se insertan plenamente en el contexto del proyecto neoliberal que, desde el inicio de la nueva administración del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 2012, ha sido impulsado con una fuerza absoluta. Ante esta situación, los estudiantes de diversos campus y Escuelas del IPN (apoyados por algunos profesores y trabajadores de la institución) dieron inicio el 17 de septiembre a una huelga en la que exigen, entre otras demandas (como la salida de la policía bancaria de las instalaciones del IPN, o la disolución de los grupos porriles) la cancelación total del nuevo reglamento interno y de los nuevos planes de estudio, así como la destitución inmediata de la directora del Instituto: Yolloxóchitl Bustamante[1].

Como parte de la huelga, además, se creó la Asamblea General Politécnica (AGP), un órgano representativo conformado por estudiantes, personal docente y no docente de la Institución cuyo principal objetivo es determinar, tanto las acciones inmediatas, como la dirección política general de la huelga. De esta forma, la comunidad politécnica ha dado origen a una nueva manera de entender la democracia universitaria —a tal punto que ha llegado a expresar que justamente de este modo debería funcionar el Politécnico en tiempos ordinarios (y no sólo cuando haya paro). Por otra parte, la AGP hizo público el 25 de septiembre un documento en el que analiza cada uno de los artículos reformados por el nuevo reglamento interno[2]. En dicho texto, los estudiantes dejan en claro cuál es el sentido de su lucha: en contra de la privatización y a favor del carácter público y gratuito de la escuela. Los puntos criticados son los siguientes (nosotros, por fines prácticos, los presentamos agrupados en tres rubros):

a)    (ámbito político-administrativo) centralización en la toma de decisiones: en nombre de la “desburocratización” del IPN, el nuevo reglamento interno suprime la existencia o bien limita el papel político de ciertos consejos y cuerpos consultivos, a fin de dejar la mayor parte de la toma de decisiones en manos de la Dirección General (elegida por la Secretaría de Educación Pública [SEP] y, por ello mismo, totalmente alineada con las disposiciones gubernamentales); asimismo, busca acotar —y aun reprimir— la participación política estudiantil —negándole el reconocimiento, por ejemplo, a las asociaciones estudiantiles, o facilitando las “expulsiones express” en nombre del supuesto “buen orden” y las “afectaciones al Instituto”;

b)   (ámbito académico-pedagógico) evaluación de la “calidad educativa”, docente y del desempeño general de la institución de acuerdo con las disposiciones de órganos externos —en específico: la SEP y el recientemente creado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), ambos instrumentos ejecutores de la reforma educativa neoliberal del gobierno—; esto se refleja, de igual forma, en el hecho de que los planes de estudio (relativamente autónomos, en términos académicos) serían sustituidos por “modalidades educativas pertinentes” y por la “flexibilidad y pertenencia de los programas académicos, lo cual significa que éstos serán determinados más en función de la contingencia del capital y de los mercados que de las necesidades de los estudiantes y de la población;

c)    (ámbito económico) en el contexto del desmantelamiento de la educación pública, del cada vez menor número de recursos económicos destinados a ella, se pretende, por una parte, reducir los derechos no sólo de los egresados, sino de los estudiantes en activo —lo que incluye la restricción en el uso de las instalaciones, la reducción de presupuesto para la compra de libros y otro material de apoyo, así como la eliminación de la figura de la baja temporal, de modo que los alumnos puedan ser dados automáticamente de baja definitiva[3]—; por otra, la conversión paulatina de la escuela pública en un negocio —a través, por ejemplo, de la “concesión” (renta) de espacios del Instituto a empresas privadas o, bien, de la “captación de recursos adicionales” por medio de la venta de servicios educativos y de investigación al capital.

Éste es, en esencia, el documento presentado por la AGP. Como podemos ver, son los propios estudiantes los que le están dando forma a estas ideas.

 

Perspectivas de la huelga en el Politécnico

Hay que considerar, en primera instancia, que el inicio mismo de la huelga en el IPN ocurrió en la víspera de las movilizaciones masivas por el aniversario del 2 de octubre. Pero no sólo eso: también  coincidió con el estallido social provocado por la desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa, Guerrero, la cual tuvo lugar el 27 de septiembre, y a cuya causa se ha adherido la comunidad politécnica en todo momento. En consecuencia, ante la así llamada “presión política”, el gobierno buscó darle una salida rápida (aunque meramente superficial) a “la situación” en el IPN. De ese modo, entre el 3 y el 14 de octubre, la Secretaría de Gobernación y la SEP promovieron la renuncia de la directora del Instituto, aceptaron la cancelación del nuevo reglamento interno y de los nuevos planes de estudio y propusieron una serie de mesas de diálogo para resolver “democrática y bilateralmente” las demandas de la AGP. No obstante, ante la ambigüedad y la “tibieza” de estas respuestas gubernamentales[4], los estudiantes han mostrado un sano recelo y ha decidido sostener la huelga (que continúa hasta el día de hoy).

Esto se debe a que, en el fondo, la lucha en el Politécnico no sólo es por la renuncia de un individuo (la directora general), ni siquiera por la cancelación de un reglamento o un plan de estudios específico, sino por la auténtica autonomía educativa —no sólo formal o institucional, defendida por algunos “críticos de izquierda”. Esta perspectiva más amplia de lucha queda evidenciada, por ejemplo, en el funcionamiento mismo de la AGP, la cual le ha abierto a la comunidad politécnica una nueva posibilidad de comprensión de la democracia educativa. Esta última, entendida en un sentido amplio, se encuentra íntimamente vinculada con la lucha general, de diversos actores sociales, por transformar el actual sistema económico-político —el cual mantiene a los jóvenes en un índice de desempleo del 67%, o bien los arroja a las manos del comercio informal, el narcotráfico, la prostitución y la muerte. En ese sentido, el hecho de que la huelga en el Politécnico haya estallado a tan sólo quince días del 2 de octubre, así como que haya unido sus demandas a la exigencia de justicia por Ayotzinapa, no puede verse sólo como una casualidad —sino como un anhelo de universalidad: de ir más profundo y más abajo en la búsqueda de otros actores sociales, a fin de transformar el mundo.

Es verdad: probablemente, el movimiento estudiantil en el IPN tiene una consciencia meramente vaga de este amplio horizonte de liberación que se dibuja ante sí; igualmente, es verdad que presenta fuertes contradicciones internas, tanto teóricas como prácticas —como, por ejemplo, el seguir defendiendo la abstracción de la “patria”[5], o el contar con la existencia, al interior del estudiantado, de un sector sumamente conservador que rechaza en su totalidad la huelga y que tan sólo quiere volver al statu quo de las clases—; ciertamente, se ha caído también en formalismos organizativos que empantanan la lucha… todo esto es cierto; sin embargo, la huelga en el IPN no es sólo un movimiento “contestatario”, sino que contiene en sí la posibilidad de creación de un mundo nuevo. ¿Cómo hacer que éste se desarrolle a partir de sí mismo? Ésta es una tarea no sólo de la AGP, sino de la sociedad en general y de los teóricos revolucionarios en particular.

 

 

México, D.F., a 9 de noviembre de 2014.



[1] Ver “[Pliego petitorio IPN Gobernación FINAL.pdf]”, en Aristegui Noticias (2 oct. 2014), <http://aristeguinoticias.com/0210/mexico/documento-pliego-petitorio-de-estudiantes-del-ipn-entregado-a-osorio-chong/> [5 nov. 2014].

[2] “Dra. Yolloxóchitl Bustamante Díez…”, en Aristegui Noticias (25 sep. 2014), <http://aristeguinoticias.com/2509/mexico/que-esta-pasando-en-el-ipn/> [5 nov. 2014].

[3] De igual manera, el nuevo reglamento interno busca suprimir los derechos y privilegios de los decanos.

[4] Véase, por ejemplo, el lenguaje “políticamente correcto” —y, por ello mismo, impregnado de conservadurismo— de la “Respuesta de la SEP a alumnos del IPN” (en El Universal, 14 oct. 2014, <http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2014/documento-respuesta-de-la-sep-a-alumnos-del-ipn-1046026.html> [5 nov. 2014]).

[5] Ver “[Pliego petitorio IPN Gobernación FINAL.pdf]”, op. cit.