CUMBIA DE LOS CORAZONES ROTOS

 

Héctor M. Sánchez

 

Debo reconocerlo:

todavía, algunas tardes,

me veo deslumbrado por la modernidad:

mujeres de ojos grises y uñas pintadas,

faldas cortas y maquillaje;

hombres musculosos, de alta estatura;

metrobuses, avenidas, luces de neón;

estudiantes de escuelas de cine:

todavía, algunas tardes,

me veo seducido por estos fantasmas:

y mi corazón se hace pedacitos.

 

Pero entonces recuerdo que,

entre la modernidad y yo

(tanto como con las mujeres),

ha habido siempre

una relación problemática:

ilusiones, desencantos,

falta de comprensión de mi parte

(aunque la modernidad y las mujeres

no son la misma cosa):

y mi corazón se hace pedacitos.

 

De niño, solía escuchar la canción

de un pulpo

que se enamoraba de una sirena

(pero que, por ser feo, o por ser de otra especie,

jamás era correspondido)

—o esa ronda infantil:

a pares y nones, vamos a jugar;

el que quede solo, ése perderá;

y yo siempre quedaba solo.

Mi corazón se hace pedacitos.

 

Día tras día, por las calles de la ciudad,

un hombre sin piernas

pidiendo limosna;

una anciana vendiendo golosinas

que nadie puede comprarle;

y mi corazón se hace pedacitos.

 

Mujeres de zapatos de tacón

y vida nocturna,

profesores, académicos,

jóvenes con departamento propio

y un buen trabajo;

todavía, algunas tardes,

me descubro seducido

por estas ilusiones:

y mi corazón se hace pedacitos.

 

Pero entonces recuerdo:

la modernidad, un gigante

con cabeza de oro

y piernas de barro:

un estudiante que ya no estudia,

sino que trabaja repartiendo volantes

a la salida del metro,

una mujer con ocho hijos:

y mi corazón se hace pedacitos.

 

(Y la pregunta no es

cómo vamos a deshacernos

de todas las formas de cultura,

sino cómo vamos a reapropiárnoslas,

cómo vamos a construir las nuestras

venidas desde abajo).

 

De tarde en tarde, todavía

me descubro seducido por la modernidad,

y una mujer vuelve a rechazar mi compañía

—o, yo, a incomprender

la autonomía de sus ritmos;

y mi corazón se hace pedacitos

(pero siempre se rehace).

 

Coatepec, Ver., a 2 de septiembre de 2014.