MI CUERPO

 

Raquel Vázquez

 

Mi cuerpo

es un cuerpo devastado.

 

En él se pierde un rostro.

Este cuerpo alguna vez fue joven

hoy no representa

su edad cronológica.

Aún en esa devastación

sus horizontes permanecen intactos.

 

Es verdad que esta vejez prematura

proviene de un ser excesivo,

he amado

y me han amado con locura

siempre que la locura

ha podido ir de la mano del amor.

 

Es verdad que a veces mi cuerpo

en su hemisferio izquierdo

es un mar que se rige

por los ciclos de la luna.

Mi cuerpo es un cuerpo devastado

en el hemisferio derecho es árido

a la luz del día

húmedo cuando anochece.

Este cuerpo

entra en desequilibrio con el rostro

mi rostro

no guarda proporción con el cuerpo.

A través de él

se han sucedido edades infantiles

adolescentes,

adultas prematuras

maduraciones forzadas,

muertes, nacimientos…

Por eso quizá

se encuentra un tanto gastado

invadido a un tiempo

por la locura y la plenitud

la tranquilidad y el desconcierto.

 

Este cuerpo que reconozco

es contradictorio

fértil en el silencio;

aún puede vibrar de norte a sur

y de este a oeste con una mirada

emerger en el umbral

reconstruir la ternura

tan impredecible…

Reconozco mi cuerpo

más en sus debilidades

que en sus escasos aciertos

lo reconozco en sus demasiadas esperas

contra todo pronóstico

de catástrofes y ausencias.

 

Mi cuerpo es un cuerpo devastado

entregado al placer

de abrirse en Ventanas

Puertas,

que llevan el sonido de miles de

pasos hacia él

y fuera de él,

gastado en sus cientos de esperas

en las manos y la mente

que vuelven una y otra vez a intentar,

a imaginar

a pesar de los posibles fracasos.

 

Anochezco.

 

Con el día mi cuerpo inicia una rutina

mis ojos se detienen en los rostros serios,

cansados,

más allá

de las envolturas

que llevamos puestas.

 

Agosto de 2014