LA BALA*

 

Calle 13

 

El martillo impacta la aguja;

la explosión de la pólvora con fuerza empuja.

Movimiento de rotación y traslación:

sale la bala arrojada fuera del cañón;

con un objetivo directo,

la bala pasea segura y firme durante su trayecto.

Hiriendo de muerte al viento, más rápida que el tiempo,

defendiendo cualquier argumento;

No le importa si su destino es violento;

va tranquila: la bala no tiene sentimientos.

Como un secreto que no quieres escuchar,

la bala va diciéndolo todo sin hablar;

sin levantar sospecha, asegura su matanza:

por eso tiene llena de plomo su panza.

Para llegar a su presa no necesita ojos,

y más cuando el camino se lo traza un infrarrojo;

la bala nunca se da por vencida:

si no mata hoy, por lo menos deja una herida;

luego de su salida no habrá detenida:

obedece a su patrón una sola vez en su vida.

 

Hay poco dinero, pero hay muchas balas;

hay poca comida, pero hay muchas balas;

hay poca gente buena, por eso hay muchas balas:

Cuidao’ que ahí viene una (¡Pla!, ¡pla!, ¡pla!, ¡pla!).

 



Se escucha un disparo, agarra confianza;

el sonido la persigue, pero no la alcanza.

La bala sacas sus colmillos de acero

y, sin pedir permiso, entra por el cuero;

Muerde los tejidos con rabia, y arranca

el pecho a las arterias para causar hemorragia.

Vuela la sangre, batida de fresa, 

salsa boloñesa, syrup de frambuesa;

una cascada de arte contemporáneo:

color rojo vivo, sale por el cráneo.

 

Hay poco dinero, pero hay muchas balas;

hay poca comida, pero hay muchas balas;

hay poca gente buena, por eso hay muchas balas:

Cuidao que ahí viene una (¡Pla!, ¡pla!, ¡pla!, ¡pla!).

 

Sería inaccesible, el que alguien te mate,

si cada bala costara lo que cuesta un yate;

tendrías que ahorrar todo tu salario:

para ser un mercenario, habría que ser millonario.

Pero no es así; se mata por montones:

las balas son igual de baratas que los condones.

Hay poca educación, hay muchos cartuchos:

cuando se lee poco, se dispara mucho.

Hay quienes asesinan y no dan la cara:

el rico da la orden y el pobre la dispara.

No se necesitan balas para probar un punto;

es lógico: no se puede hablar con un difunto.

El diálogo destruye cualquier situación macabra:

antes de usar balas, disparo con palabras:

¡Pla!, ¡pla!, ¡pla!, ¡pla! 

Hay poco dinero, pero hay muchas balas;

hay poca comida, pero hay muchas balas;

hay poca gente buena, por eso hay muchas balas:

Cuidao’ que ahí viene una (¡Pla!, ¡pla!, ¡pla!, ¡pla!).

 

 

 



* Pista incluida en el disco de Calle 13, Entren los que quieran, Sony, 2010. Puede escucharse en elvecindariocalle13, <https://www.youtube.com/watch?v=RuVBjhEQkLo> [8 sep. 2014].