DÍA INTERNACIONAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS: UN MISMO DÍA, DOS PROYECTOS DE NACIÓN

 

El sábado 9 de agosto fue el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y, en México, con ocasión de dicha efeméride, hubo paralelamente dos eventos totalmente contradictorios entre sí: por un lado, un acto de conmemoración en San Juan Chamula, Chiapas, encabezado por el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y por el gobernador del estado, Manuel Velasco Coello; por otro, un acto de resistencia protagonizado por las comunidades indígenas que participaron en la Primera Compartición de Pueblos Originarios de México con Pueblos Zapatistas, la cual tuvo lugar del día 4 al 9 del presente mes en el caracol La Realidad, Chiapas. Ambos sucesos se contraponen entre sí porque representan dos proyectos de nación antagónicos: por un lado, el del capitalismo neoliberal; por otro, el del autodesarrollo indígena —y, por extensión, nacional.

En efecto: mientras, en San Juan, los dos mencionados representantes de la clase política aparecían ataviados con el traje típico de los chamulas y congratulaban a las Cámaras de Diputados y Senadores por haber aprobado recientemente las leyes secundarias de la reforma energética —con la que, según expresaron, queda refrendado el compromiso del gobierno para promover el “desarrollo” de las comunidades indígenas del país—[1]; mientras todo esto ocurría, decíamos, en el corazón de la selva lacandona llegaba a su fin la Primera Compartición mediante la lectura de la Declaración sobre el despojo de los pueblos, un documento que resume las actividades de resistencia que las 29 comunidades indígenas asistentes a dicho encuentro están llevando a cabo para defenderse de los proyectos expansivos del capital[2].

Aquí hay que poner de relieve que la compartición fue organizada justamente para propiciar el intercambio de experiencias de lucha entre los distintos pueblos indígenas de México —así como posible unificación entre las mismas. La Declaración ha sido uno de sus primeros frutos.

En ella, es de suma importancia observar que los indígenas consignan a los proyectos mineros, agroindustriales, de producción de energía eléctrica, turísticos y carreteros llevados a cabo por las empresas capitalistas (privadas o públicas, nacionales o extranjeras) como los principales responsables de la actual oleada de despojos —una de las mayores en la historia moderna del país. Lo que estamos viendo, entonces, es la reproducción a gran escala de un fenómeno al que Marx se refirió como la “así llamada” acumulación originaria de capitalasí llamada porque, en realidad, nunca es sólo originaria, sino que aparece en escena cada vez que el capital requiere ensanchar su espacio de dominación.

Con la nueva reforma energética aprobada por el Congreso de la Unión, estos proyectos capitalistas —de por sí ya existentes a lo largo y ancho de todo el país— van a adquirir una carta de nacionalidad y legalidad sin precedentes: si ya lo hacen en los rubros antes mencionados, ahora tendrán la aprobación constitucional para hacerlo en el ámbito de la extracción, producción y distribución de hidrocarburos y de energía eléctrica. Como sabemos, el petróleo y sus derivados son uno de los bienes más codiciados por el mercado mundial —y, por ende, más redituables para las empresas del ramo, quienes iniciaran una lucha frenética, más o menos legal, para ganar el acceso a dichos recursos. Con la nueva reforma energética, el despojo no tendrá límites. Ésta es, por tanto, una abierta declaración de guerra contra todo el pueblo mexicano —pero, en particular, contra las comunidades indígenas[3].

Y es aquí donde aparece a todas las luces la contradicción en el discurso gubernamental presentado en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas: por una parte, el Estado mexicano celebra la nueva reforma energética como refrendo de su compromiso por el desarrollo de los pueblos indígenas; por otra, estos mismos pueblos indígenas nos dicen que es justamente esa reforma contra la que están luchando, en tanto impide su autogestión comunitaria —y, por ende, la autogestión nacional. De allí la importancia de que los otros sectores del país (trabajadores, estudiantes, mujeres, etc.) sepamos sumarnos y potenciar a esta subjetividad rebelde —pues, de hecho, ésta no es una batalla entre los indígenas y los habitantes de la ciudad, en la que los primeros se “oponen” al “progreso” que los segundos sí desean, sino que es una batalla que hay que librar juntos, en tanto que lo que está en el fondo de ella es la posibilidad o no posibilidad de la autogestión. Por ello, al igual que los pueblos indígenas que participaron en la Primera Compartición, nosotros debemos decir:

Estos son los despojos que sufrimos, que nos hacen sabernos en una emergencia que atenta contra nuestra vida y hoy les decimos a los poderosos, a las empresas y a los malos gobiernos, encabezados por el criminal jefe supremo de los paramilitares Enrique Peña Nieto que no nos rendimos, que no nos vendemos y no claudicamos.

Nuestra memoria está viva porque ella somos y a ella nos debemos y señalamos que no hay mejor memoria que la de nuestros pueblos, que como hoy nos reunimos para vernos el uno en el otro y nuestra lucha no acabará, pues si no nos han matado en 520 años de resistencia y rebeldía no lo harán ahora ni nunca, pues los que somos pueblos de maíz, que sabemos que la milpa es colectiva y de colores diversos, tan diversos que también nos queremos nombrar en una sola palabra, rebelde y anticapitalista, con los que son hermanos de la Sexta Nacional e Internacional. Hoy como el maíz, nos renovaremos en nuestra decisión para construir desde abajo y a la izquierda un mundo donde quepan muchos mundos.[4]

 

 

 

México, D.F., a 11 de agosto de 2014.



[1] Mandujano, Isaín, “Presidente Peña conmemora Día del Indígena celebrando consolidación de reforma energética”, en Chiapas Paralelo, 9 ago. 2014, <http://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2014/08/presidente-pena-conmemora-dia-del-indigena-celebrando-consolidacion-de-reforma-energetica/> [11 ago. 2014].

[2] “Segunda declaración de la Compartición CNI-EZLN. Sobre el despojo a nuestros pueblos”, en Enlace Zapatista, 16 ago. 2014, < http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2014/08/16/2a-declaracion-de-la-comparticion-cni-ezln-sobre-el-despojo-a-nuestros-pueblos/> [28 ago. 2014].

[3] Veamos, por ejemplo, su artículo 8 transitorio: “Derivado de su carácter estratégico, las actividades de exploración y extracción del petróleo y de los demás hidrocarburos, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica, a que se refiere el presente Decreto se consideran de interés social y orden público, por lo que tendrán preferencia sobre cualquier otra que implique el aprovechamiento de la superficie y del subsuelo de los terrenos afectos a aquéllas.

”La ley preverá los términos y las condiciones generales de la contraprestación que se deberá cubrir por la ocupación o afectación superficial o, en su caso, la indemnización respectiva”. Poder Ejecutivo/Secretaría de Gobernación, “Decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en Materia de Energía [PDF]”, en Diario Oficial de la Federación (edición vespertina), 20 dic. 2014, p. 6 <http://www.dof.gob.mx/index.php?year=2013&month=12&day=20> [19 ago. 2014].

Es decir, a nombre del “progreso” y del “interés social”, la autogestión agrícola y la producción colectiva de otros valores de uso pasará a un segundo plano para dejarle su lugar a la producción de valores de cambio (hidrocarburos) para el mercado mundial.

[4] “Segunda declaración…”, op. cit.