Conflicto armado y ¿proceso de paz? EN COLOMBIA

Julius

 

Colombia, país multicultural y pluriétnico, con una población de más de 45 millones de habitantes  y  una  amplia diversidad  de plantas y animales,  sería un espacio donde se podría   vivir tranquilamente; sin embargo, su riqueza es disputada cada cuatro años por la burguesía colombiana, que  lo único que ha hecho es explotarla, agotando sus recursos mineros, despojando a los campesinos de sus tierras, empobreciendo cada día más a la población; ante esta situación, nace la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército Popular (FARC-EP), la cual ha buscado mejorar las condiciones del pueblo colombiano. Lleva ya 50 años en lucha y, ahora, por una necesidad histórica, busca el camino hacia la paz.

Es así como el conflicto interno en Colombia, originado por todos estos problemas  sociales y económicos, y protagonizado por los grupos armados y por el Estado, ha dejado a su paso miles de muertos, desaparecidos y desplazados; en él, también  han participado grupos de paramilitares y organizaciones del narcotráfico. Según el Centro de Memoria Histórica, ha habido 5.7 millones de desplazados, 25 mil desaparecidos y 220 mil muertos en los 50 años de existencia de la guerrilla[1].

Pero, ¿cuáles son todas estas problemáticas que hay en Colombia, y que han hecho que la guerrilla se extienda durante tanto tiempo? En primer lugar, no se ha podido establecer en  Colombia una reforma agraria integral, con equidad para campesinos, indígenas, afros y mestizos, debido a la concentración de la tierra en manos de unos pocos —como lo demuestran estas cifras: “el 0.4 de propietarios posee el 52 por ciento de las mejores tierras, con predios de más de 500 hectáreas, mientras el 20 por ciento de propietarios sólo dispone del 35 por ciento de la tierra titulada y no son de la mejor calidad[2]”.

A su vez, las situaciones de pobreza que vive el país son dignas de consideración: el 50% de pobres tiene ingresos menores a los 2 dólares mensuales, y el 60% de los colombianos está desempleado o en la informalidad, siendo éstas las causas del inconformismo de la población —sin olvidar que sus gobernantes, en todas estas décadas, no han hecho nada para mejorar los problemas estructurales; sólo se han preocupado por mantener el statu quo y aumentar sus capitales, manteniendo así al pueblo en la miseria. No contentos con esto, ahora entregan grandes extensiones de tierras a las multinacionales para la explotación minera y petrolera, acabando con los recursos naturales y despojando a la población de sus tierras.

Como vemos, hay una necesidad de paz para el  pueblo colombiano; pero esa paz  —o, mejor dicho, las negociaciones de paz que se vienen dando en La Habana, desde finales de 2012— no se ha traducido aún en el cese al fuego por parte de ambos mandos: las confrontaciones entre el ejército y la guerrilla aún continúan; las fuerzas militares mantienen la orden de atacar a los insurgentes y causar el mayor número de heridos, muertos y deserciones posibles —con el fin de  disminuirlos o, por lo menos, intimidarlos; lo mismo ha hecho la guerrilla, sin importar que a su paso esté la sociedad civil.

La paz que se negocia en La Habana pasa por una agenda concertada entre el gobierno y las FARC-EP; ahí se abordarán temas como: 1) políticas de desarrollo agrario integral, 2) participación política, 3) fin del conflicto, 4) solución al problema de drogas ilícitas,  5) víctimas y 6) mecanismo de refrendación de los acuerdos.

Esta histórica y necesaria negociación de paz ha sido usada como bandera para fortines políticos; además, carece de una ética consecuente con la justicia social, como lo pudimos ver en las elecciones presidenciales de junio 2014, en las que Juan Manuel Santos fue reelegido. La  necesidad paz y la urgencia del pueblo colombiano por tener una mínima tranquilidad es aprovechada por la clase política para captar los votos de la población —cuando es la misma clase la que provoca la guerra, así como la que no le da respiro alguno al pueblo con sus reformas a favor de las multinacionales y en contra de los territorios de los indígenas, campesinos y afros.

Esta  paz que negocia el Estado —Estado de derecha— sólo busca métodos de legitimación para sus perversos negocios de venta del país a multinacionales, además de perseguir prestigio internacional, presentándose como el “gobierno que hizo la paz”; esto es: no negocia  un acuerdo que favorezca a la población, ni que mejore las condiciones para los pueblos  que viven el conflicto: sólo busca su propio beneficio y el de los grandes capitales extranjeros.

Por otra parte, la negociación de paz que busca la guerrilla no consiste en una rendición o desmovilización incondicional, sino que busca también poner fin a este conflicto que ha derramado tanta sangre, pero buscando mínimos cambios para la sociedad —además, el cumplimento de los acuerdos de esta negociación va a quedar en duda, una vez concluidas las pláticas en La Habana.

Para concluir: la paz que busca el país no será completa en la medida en que la sociedad no se comprometa a organizarse y a luchar unida —acompañando el proceso de paz, de modo que no la sigan usando, como lo han hecho hasta ahora—; sólo así logrará exigir un compromiso firme, por parte de los gobiernos y la guerrilla, para mejorar las condiciones de miseria y explotación que vivimos.

 



[1] “Voces de víctimas en el proceso de paz”, en Desde Abajo (12 de julio de 2014), < http://desdeabajo.info/component/k2/item/24414-voces-de-v%C3%ADctimas-en-el-proceso-de paz.html> [27 jul. 2014].

[2]  Martínez Silva, Marcos, “El conflicto colombiano”, en El Tiempo (29 de jul 2014), <http://www.el tiempo.com/archivo/documento/CMS- 12074450 > [29 jul. 2014].